Andalucía
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Autora: María Jesús Monedero Fecha: 01/04/2019 Publicado en Diario Córdoba OKUPAS Me resulta curioso cómo se altera la grafía de ciertas palabras para provocar asociaciones, positivas o negativas, con otros idiomas o lugares. Hoy entro en competencia con Álex Grijelmo y empiezo hablando de lenguaje. Llamamos «ocupa» irónica, cariñosamente, a alguien que pasa temporadas en […]

Autora: María Jesús Monedero

Fecha: 01/04/2019

Publicado en Diario Córdoba

OKUPAS

Me resulta curioso cómo se altera la grafía de ciertas palabras para provocar asociaciones, positivas o negativas, con otros idiomas o lugares. Hoy entro en competencia con Álex Grijelmo y empiezo hablando de lenguaje. Llamamos «ocupa» irónica, cariñosamente, a alguien que pasa temporadas en nuestra casa o utilizamos el término para nosotras mismas cuando nos apalancamos en una habitación amiga. Nada que ver con el uso de este término referido a personas obligadas a vivir en una casa que no es suya, y estaba vacía, para no quedarse en la calle. Políticamente se usa este término con intencionalidad variada. La K, como en otras palabras, se inserta, sustituyendo a la C para generar un sentimiento positivo, reivindicativo, o como signo de desprecio. Al gusto.

Pero ¿qué pasa cuando son algunos países los que se apropian de un territorio ajeno?

Esto ocurre en Ossetia del Sur, Eritrea, Tibet, Crimea y algunos lugares más. Pero yo quiero destacar, especialmente los casos de Sáhara y Palestina. Como no hay espacio para todo, después de recalcar el incumplimiento de Resoluciones de la ONU en los dos casos, hoy me voy a detener en Palestina y en una perversa oferta turística.

Hace unas semanas, Amnistía Internacional puso en marcha una campaña dirigida a empresas turísticas, más concretamente, a TripAdvisor. Copio algunos párrafos de un informe más largo que podéis encontrar fácilmente.

«Al anunciar propiedades y atracciones en asentamientos israelíes, las empresas de turismo digital se están lucrando de crímenes de guerra. Las empresas digitales están revolucionando la forma en que el mundo hace turismo. Compañías como Airbnb, Booking.com, Expedia y TripAdvisor han logrado un éxito enorme. Todas estas empresas anuncian también numerosos hoteles, hostales, atracciones y visitas en asentamientos israelíes en los Territorios Palestinos Ocupados (TPO), y lo hacen pese a saber que los asentamientos israelíes son ilegales en virtud del derecho internacional y un crimen de guerra. Estas empresas saben también que los asentamientos israelíes tienen un impacto negativo en un gran número de derechos humanos de la población palestina. Cualquier evaluación de riesgos preliminar básico de las empresas revelaría que toda actividad empresarial en los asentamientos o con ellos contribuiría inevitablemente a sostener una situación ilegal, así como un régimen intrínsecamente discriminatorio y abusivo que conculca los derechos humanos de la población palestina. Las cuatro empresas afirman que sus operaciones se rigen por elevados valores éticos y respetan el Estado de derecho. Sin embargo, al hacer estos negocios, están contribuyendo al mantenimiento, desarrollo y expansión de unos asentamientos ilegales, y beneficiándose de ello, lo que equivale a crímenes de guerra tipificados en el derecho penal internacional. Su promoción de los asentamientos israelíes en los TPO como destino turístico también tiene el efecto de normalizar y legitimar ante la opinión pública lo que el derecho internacional reconoce como una situación ilegal».

¿Y si empezamos a llamarlos «okupas»?

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