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Se calcula que fueron ejecutados extrajudicialmente en Irán entre 4.000 y 5.000 presos. Actualmente, hay unas 120 fosas comunes, algunas de ellas localizadas y otras no.

Las desapariciones forzadas es uno de los atentados de los derechos humanos más difíciles de sobrellevar. El no saber dónde está tu allegado es el dolor más profundo, un dolor que no permite superar el duelo. La continua negativa de las autoridades iraníes a revelar la suerte y el paradero de miles de disidentes políticos ha desatado una crisis que, durante décadas, la comunidad internacional ha optado por pasar por alto. Hoy desde Amnistía queremos recuperar esa memoria.
En el año 1988, las autoridades iraníes sometieron a desaparición forzada y ejecución extrajudicial a miles de hombres y mujeres que estaban en las cárceles. En su mayor parte estaban en prisión por sus opiniones políticas y actividades pacíficas, como repartir folletos y asistir a manifestaciones. Los sacaron de sus celdas, les vendaron los ojos y desfilaron ante «comisiones de muerte», en las que se les preguntó sobre sus creencias políticas y religiosas, y se les pidió que se retractaran de las mismas. Cuando se negaron, fueron enviados de inmediato para ser colgados o fusilados. Los cuerpos fueron arrojados en secreto por la noche en fosas, individuales y comunes, sin ningún tipo de identificación.
Las autoridades iraníes se han negado a reconocer oficialmente la existencia de estas fosas comunes y han ocultado su ubicación, con lo que han causado un inmenso sufrimiento a las familias, que siguen buscando respuestas sobre sus seres queridos desaparecidos. 30 años después, las familias de las víctimas siguen martirizadas por la angustia y la incertidumbre.
Creemos que, al seguir ocultando la suerte y el paradero de las víctimas de ejecución extrajudicial secreta de 1988 en Irán, las autoridades iraníes están cometiendo un delito de desaparición forzada, que constituye un crimen de lesa humanidad continuado. Como en otros lugares, las autoridades tienen la obligación de proporcionar a las víctimas verdad, justicia y reparación, devolviendo los restos de las víctimas fallecidas a sus familias y permitir que éstas celebren honras funerarias y dispongan de esos restos según sus propias creencias. Se calcula que fueron ejecutados extrajudicialmente en Irán entre 4.000 y 5.000 presos. Actualmente, hay unas 120 fosas comunes, algunas de ellas localizadas y otras no.
Las autoridades iraníes no devolvieron a sus familias los cadáveres de ninguna de las víctimas de las ejecuciones extrajudiciales de 1988. Tampoco informaron a la mayoría de las familias dónde estaban enterrados los cadáveres para así eliminar todo rastro de las víctimas. De forma oficial, las autoridades nunca han reconocido fosas comunes que se conocen o cuya existencia se sospecha, distribuidas por todo el país y que han sido objeto de profanación y destrucción.
Amnistía Internacional exige, entre otros, que se detenga la destrucción de tumbas y fosas comunes, se respete el derecho de las familias a enterrar a sus seres queridos con dignidad y se ponga fin al hostigamiento que éstas sufren por pedir verdad y justicia para sus familiares desaparecidos. Esta lucha la hemos reflejado en la flor del tulipán. En Irán, el significado y el simbolismo de los tulipanes se remonta a miles de años. La flor representa la esperanza, la resistencia y la renovación. Son un símbolo del amor eterno y del sacrificio.
En España conocemos la angustia de no saber qué ha pasado con un ser querido, de no poder recuperar al menos sus restos Lo hemos vivido también durante mucho tiempo y, por eso, hoy nos sentimos unidos a esas familias iraníes que buscan a sus familiares en los campos llenos de tulipanes.

Cristóbal Fco. Fábrega Ruiz. Coordinador de Amnistía Internacional Jaén.

Publicado en Diario Jaén el 3 de noviembre de 2019

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