{"id":4845,"date":"2025-06-02T18:24:09","date_gmt":"2025-06-02T16:24:09","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.es.amnesty.org\/andalucia\/?p=4845"},"modified":"2025-06-03T15:55:31","modified_gmt":"2025-06-03T13:55:31","slug":"fallo-del-jurado-xi-certamen-de-relatos-cortos-y-ix-de-fotografia-en-ddhh","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.es.amnesty.org\/andalucia\/2025\/06\/02\/fallo-del-jurado-xi-certamen-de-relatos-cortos-y-ix-de-fotografia-en-ddhh\/","title":{"rendered":"FALLO DEL JURADO XI CERTAMEN DE RELATOS CORTOS Y IX DE FOTOGRAF\u00cdA EN DDHH"},"content":{"rendered":"\n<p>FALLADOS LOS PREMIOS DE AMNIST\u00cdA INTERNACIONAL ANDALUC\u00cdA 2025<\/p>\n\n\n\n<p>Se procede mediante el siguiente comunicado a dar el resultado de los jurados de los dos cert\u00e1menes:<\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>En el apartado de fotograf\u00eda el premio ha resultado  DESIERTO<\/li>\n\n\n\n<li>En el apartado de Relatos Cortos el premio ha recaido en la obra \u00abDONDE DUERMEN LOS ZAPATOS MOJADOS\u00bb  cuya autora es : <strong>Tania Mar\u00eda Cabrera P\u00e9rez<\/strong> de Girona.      El jurado ha considerado conceder un \u00abAccesit\u00bb a la obra : ME ALQUILO PARA SO\u00d1AR\u00bb de la autora  <strong>Marisi Morales Mart\u00ednez<\/strong> de Mijas, M\u00e1laga.<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<p>En su texto Tania destaca, con lenguaje fluido y pausado, c\u00f3mo las condiciones de habitabilidad de una vivienda influyen en la salud f\u00edsica, la actividad diaria y la salud mental, aflorando los miedos a proyectar un ma\u00f1ana sin angustia y libre de presiones. Y c\u00f3mo el alma vive con el temblor diario a que surja un desahucio inminente. Para que podamos comprobar y recrearnos en el mismo, a continuaci\u00f3n lo dejamos colgado.<\/p>\n\n\n\n<p>Marisi evoca el d\u00eda a d\u00eda de una persona sin techo, una<em> nadie<\/em>, invisibilizada por la sociedad y que ha adquirido un superpoder para estar en cualquier sitio porque nadie se percata de su presencia. Y bajo este analisis de la calle y de la soledad espera la llegada de \u00e1lguien que se alquile para so\u00f1ar. <\/p>\n\n\n\n<p>El acto de entrega del mismo se realizar\u00e1 en la Fundaci\u00f3n Euro\u00e1rabe, c\/ San Jer\u00f3nimo 27 de Granada el proximo 10 de junio a las 6 de la tarde en colaboraci\u00f3n con el grupo local de Granada, a quien, desde aqu\u00ed, queremos agradecer su colaboraci\u00f3n. Gracias a las personas que han colaborado en el jurado de los mismos.<\/p>\n\n\n\n<p>En el acto de entrega de los premios contaremos con la intervenci\u00f3n de Teresa G\u00f3mez, escritora y del grupo de microteatro \u00abTeatrisle\u00f1os\u00bb. Estais invitadas\/os.<\/p>\n\n\n\n<p>OBRAS PREMIADAS :<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>DONDE DUERMEN LOS ZAPATOS MOJADOS<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A veces, una casa se convierte en una trampa, no por sus cerraduras, sino por los suspiros que no logran salir. En esa vivienda, al margen de una ciudad que olvid\u00f3 c\u00f3mo pronunciar su propio nombre, habitaba ella: una mujer con los pies hinchados de tanta espera. La humedad trepaba por las paredes como una enredadera melanc\u00f3lica y los techos lloraban sin pudor, derramando sobre sus rodillas una tristeza sin nombre. Cada gotera era un reloj sin manecillas: ni futuro, ni presente, solo el eco h\u00famedo de lo que no pudo ser.<\/p>\n\n\n\n<p>Se llamaba\u2014o tal vez se so\u00f1aba\u2014Mirta. Aprendi\u00f3 a caminar con delicadeza, no por miedo a caerse, sino para no quebrarse por completo. Un d\u00eda despert\u00f3 con la cadera r\u00edgida, otro con las v\u00e9rtebras rebeldes, y al siguiente ya no pudo calzarse un calcet\u00edn sin pedir permiso al dolor. La casa la empapaba. No solo el cuerpo, tambi\u00e9n la voz.<\/p>\n\n\n\n<p>Mirta era artista. Escritora. Poeta. Sus libros dorm\u00edan en estanter\u00edas que nadie miraba, como si la tinta se hubiese impreso en invisible. Particip\u00f3 en concursos, public\u00f3 en Amazon, reparti\u00f3 volantes en ferias donde las palabras volaban m\u00e1s r\u00e1pido que el dinero. Cre\u00eda, con una fe obstinada, en el arte como camino, como medicina, como acto de resistencia. Porque resistir es crear belleza donde no hay pan,y escribir es nombrar el mundo cuando el mundo te niega. Defend\u00eda el arte como quien protege el ox\u00edgeno, convencida de que en la belleza tambi\u00e9n hay refugio. Intu\u00eda que exist\u00eda algo m\u00e1s: un orden secreto en el caos, una red invisible que sostiene incluso a quienes caen. Pero la fe, por s\u00ed sola, no cubre el alquiler, y menos a\u00fan garantiza ese derecho esencial y sagrado que es el techo. El arte tambi\u00e9n necesita una cama seca desde donde so\u00f1ar. El alma de un creador no deber\u00eda dormir entre goteras. La vivienda no era un lujo: era su derecho, como lo son el aire, la dignidad, la palabra.<\/p>\n\n\n\n<p>Sal\u00eda a buscar casa como quien persigue un pa\u00eds nuevo: con la maleta del miedo y el pasaporte del cansancio. Llamaba a inmobiliarias. Al principio, respond\u00edan con cortes\u00eda tibia. Pero bastaba que dijera \u00abaut\u00f3noma\u00bb, que preguntara por el ascensor o mencionara su oficio de artista, para que la l\u00ednea se llenara de silencios densos. Algunas puertas se cerraban sin haberse abierto jam\u00e1s. Otras, se entreabr\u00edan solo para mostrarle lo lejos que estaba del \u00abperfil requerido\u00bb. Y entonces, una pregunta insistente le revoloteaba por dentro: \u00bfc\u00f3mo es posible que a\u00fan exista esta forma de discriminaci\u00f3n? \u00bfPor ser artista?<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfPor no tener contrato fijo? \u00bfPor venir de otro pa\u00eds, hablar con otro acento, vivir con el cuerpo roto? \u00bfQu\u00e9 tipo de civilizaci\u00f3n niega refugio a quienes crean belleza, cuidan palabras, o simplemente caminan distinto? Cada negativa era m\u00e1s que una respuesta : era un juicio silencioso, una sentencia dictada por criterios invisibles, ajenos, despiadados.<\/p>\n\n\n\n<p>Volv\u00eda entonces a su casa h\u00fameda, a su cama que se escurr\u00eda, a su cocina con goteras en las ideas. Se sent\u00eda vencida, no por lo que era, sino por todo lo que ya no pod\u00eda ser.<\/p>\n\n\n\n<p>Hab\u00eda d\u00edas en que la \u00fanica certeza era la de su cuerpo: dolencias en plural, alma en singular. Y en esos instantes de hundimiento, Mirta pensaba en todos los que antes que ella resistieron: artistas que escribieron con fr\u00edo en las manos, m\u00e9dicos sin hospitales, maestros sin escuelas, cient\u00edficos sin laboratorios, campesinos sin tierra. Recordaba a<\/p>\n\n\n\n<p>mujeres como Violeta Parra, a hombres como Nikola Tesla, a tantos que vivieron a contracorriente, confiando en algo m\u00e1s grande que el aqu\u00ed y el ahora. La historia est\u00e1 tejida con derrotas que germinan en esperanza. Ella no era una excepci\u00f3n, sino parte de esa cadena de resistencia silenciosa que a veces florece justo al borde del abismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Los d\u00edas pasaban lentos. Como si el tiempo, cansado de avanzar, se hubiese sentado en su cocina a ver c\u00f3mo se deshac\u00eda el mundo. Una tarde cualquiera, mientras calentaba una sopa sin nombre, escuch\u00f3 una voz. No era humana. Era m\u00e1s bien un rumor, un temblor leve que proven\u00eda de los zapatos mojados junto a la puerta. Se agach\u00f3 como quien recoge un secreto del suelo, y uno de los zapatos, sin pesta\u00f1ear, le susurr\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Nos estamos hundiendo, Mirta. Si no salimos, la casa nos tragar\u00e1 como a los otros.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella no pregunt\u00f3 qui\u00e9nes eran \u201clos otros\u201d. Ya lo sab\u00eda. Desde el d\u00eda en que la vecina desapareci\u00f3 sin dejar rastro, salvo por una carta dentro de una botella de lavandina, donde contaba que el casero vend\u00eda las paredes al mejor postor. Desde entonces, cada rinc\u00f3n de la casa hablaba. El grifo murmuraba cifras. El enchufe soltaba amenazas. Y la l\u00e1mpara del pasillo solo repet\u00eda: \u201ccatorce d\u00edas, catorce d\u00edas\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>En su desespero, Mirta escribi\u00f3 una nota al universo. La dej\u00f3 bajo la alfombra, junto al polvo y unas llaves que ya no abr\u00edan nada. Dec\u00eda: \u201cEstoy aqu\u00ed. Soy real. Aunque no me vean.\u201dPorque en el fondo de todo, m\u00e1s all\u00e1 del miedo, conservaba una certeza tan clara como el agua cuando es nueva: el universo no desampara a nadie.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa noche, antes de dormir, Mirta se qued\u00f3 hablando consigo misma. Apoy\u00f3 la espalda contra la pared h\u00fameda y susurr\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfDe verdad hay sitio para m\u00ed en este mundo? \u00bfY si todo este esfuerzo, todas estas palabras, solo son botellas lanzadas a un mar sin orilla?\u2014se pregunt\u00f3, sintiendo que el silencio era tambi\u00e9n una respuesta.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Podr\u00eda ser peor\u2014 se dijo luego\u2014.Podr\u00eda estar en un pa\u00eds en guerra, bajo bombas, sin luz ni pan. Y sin embargo&#8230; \u00bfacaso esta humedad constante, este miedo de cada fin de mes, esta imposibilidad de proyectar un ma\u00f1ana, no es tambi\u00e9n una forma de guerra?<\/p>\n\n\n\n<p>Una guerra sin explosiones, pero con grietas. Una batalla sin enemigos visibles, pero con frentes que se multiplican: el banco, el casero, la administraci\u00f3n, la indiferencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Abraz\u00f3 sus rodillas y susurr\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No quiero visualizarme durmiendo en la calle. No quiero convertirme en una sombra m\u00e1s. No lo merezco. Nadie lo merece. Sobrevivir no deber\u00eda ser el premio por crear belleza, ni el castigo por no tener una n\u00f3mina.<\/p>\n\n\n\n<p>Cerr\u00f3 los ojos unos segundos. Luego murmur\u00f3, como quien se escribe una carta futura:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Pero si me rindo, \u00bfqui\u00e9n escribe por las que ya no pueden? \u00bfQui\u00e9n habla por los que callan por miedo?&nbsp; Si yo no me quedo, \u00bfqui\u00e9n se queda? Aun sin certezas, sigo. Porque a veces la fe no es una luz, es apenas una cerilla. Pero basta una cerilla para encender una casa.<\/p>\n\n\n\n<p>La ma\u00f1ana siguiente comenz\u00f3 con un temblor distinto. No era de paredes, era del alma. Camin\u00f3 hasta la puerta con esa mezcla de coraje y costumbre, y all\u00ed la encontr\u00f3. Una carta, del propietario. Fechada, sellada, firmada: \u00abdesahucio inminente\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>No llor\u00f3. No grit\u00f3. Solo contempl\u00f3 el sobre blanco como si fuese un animal dormido. Sus libros segu\u00edan sobre la mesa, esperando que alguien los leyera y dijera:\u00bb aqu\u00ed hay vida\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Encendi\u00f3 la vela. No para espantar la oscuridad, sino para alumbrar su nombre. Y se sent\u00f3 a esperar el futuro, descalza, con los pies secos por primera vez en a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>La casa, entonces, dej\u00f3 de gotear. Y ella, por primera vez en mucho tiempo, camin\u00f3 sin mojarse los pies.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>ME ALQUILO PARA SO\u00d1AR <\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Desde hace unos meses, lo primero que hace Manuela al abrirse el d\u00eda es dirigirse al mercado central para conseguir algo de fruta que le alivie el hambre y la sed. Esta misi\u00f3n es dif\u00edcil porque conseguir producto fresco y sin deterioro es una cuesti\u00f3n de habilidad por su parte y de descuido por parte del minorista. Otra de sus grandes misiones llega al atardecer, cuando se acerca al contenedor de papel por si alguien tira entre sus desechos alg\u00fan peri\u00f3dico. Le da igual la fecha porque a ella, que le encanta leer, le alivia ponerse al d\u00eda, aunque el d\u00eda vaya con retraso. A veces tiene suerte y tambi\u00e9n consigue un libro. Cuando permanece m\u00e1s de una semana en el mismo lugar, acaban conoci\u00e9ndola y, entonces, suelen dejarla revisar lo que van a tirar por si hay algo que le interese. Tiene que ser muy selectiva, no se lo puede quedar todo, no tiene espalda para tanto, as\u00ed que las prioridades son los libros y el peri\u00f3dico m\u00e1s cercano a su fecha presente. Cuando consigue ambas cosas, se siente bastante realizada.<\/p>\n\n\n\n<p>Fermina tiene setenta a\u00f1os y vive en una parcela que su marido y ella compraron hace mucho tiempo. Al principio estaba muy aislada, pero con los a\u00f1os ha pasado a formar parte de una de las zonas m\u00e1s urbanizadas. Despu\u00e9s de enviudar no se ha querido ir de all\u00ed porque esa casa es parte de su identidad. Ambos trabajaron duro y se ganaron el respeto de todos los vecinos cercanos, aunque de aquella \u00e9poca ya quedan pocos. Su pasi\u00f3n es leer y adopt\u00f3 su sobrenombre en honor a su novela preferida, <em>El amor en los tiempos del c\u00f3lera. <\/em>En realidad se llama Pl\u00e1cida, pero el nombre le resultaba bastante mediocre, as\u00ed que se permite esta licencia que nadie nunca le ha reprochado. Es una mujer de costumbres. Cada d\u00eda, si no hay nada que se lo impida, hace lo mismo: se levanta temprano, desayuna, coge el peri\u00f3dico del buz\u00f3n y, antes de entrar en casa a leerlo tranquilamente en su c\u00f3modo sill\u00f3n de la salita, se queda un rato en la puerta, mirando qu\u00e9 ocurre en la calle o qui\u00e9n pasa por all\u00ed. Algunas veces hay suerte y transita cerca de su puerta alguna madre que la saluda, llevando a su hijo al colegio; alg\u00fan repartidor que la conoce o, en definitiva, alguien a quien decir hola para que el d\u00eda tome forma y as\u00ed estar segura de que no es una fantasma, de que tiene cuerpo y, sobre todo, vida. Despu\u00e9s, dedica m\u00e1s de una hora a leer la prensa. Con un bol\u00edgrafo subraya algunas noticias y las comenta al margen, las glosa, le gusta decir a ella. A veces lo hace en voz alta, pero le gusta dejarlo por escrito para no sentir que los signos de la evidente soledad o lo que puede ser peor, la locura, la vencen. Ha sido siempre muy met\u00f3dica.<\/p>\n\n\n\n<p>Manuela ha visto hoy algo extra\u00f1o en un peri\u00f3dico de hace tres semanas: alguien ofrece alojamiento sin esperar nada a cambio. No se f\u00eda de estos anuncios, nunca se sabe qui\u00e9n est\u00e1 detr\u00e1s de ellos.<\/p>\n\n\n\n<p>Una de aquellas ma\u00f1anas en las que Fermina lee el peri\u00f3dico y anota todo lo que le parece oportuno, hace un c\u00edrculo alrededor de una noticia que le llama la atenci\u00f3n, habla de <em>Los nadies<\/em>. \u00ab\u00bfQui\u00e9nes son?\u00bb, apunt\u00f3 al margen. <em>\u201cUn poco de luz para los nadies de Barcelona\u201d<\/em>, dec\u00eda el titular. \u00ab\u00bfC\u00f3mo se puede denominar as\u00ed a alguien, o a nadie?\u00bb volvi\u00f3 a apuntar. Sigui\u00f3 leyendo y sali\u00f3 de dudas. Eran personas sin hogar y una fundaci\u00f3n estaba haci\u00e9ndoles homenaje a los fallecidos, poniendo unas placas de cart\u00f3n. Cuatrocientos fallecidos, cuatrocientas placas en las fachadas de los edificios donde hab\u00edan pasado algunas noches. Se qued\u00f3 impresionada y lo exclam\u00f3 en voz alta y tambi\u00e9n lo apunt\u00f3: \u00ab\u00a1Cart\u00f3n, el mismo material que seguramente los habr\u00e1 protegido del fr\u00edo en alguna ocasi\u00f3n!\u00bb<em>. <\/em>Aquel d\u00eda, durante la siesta, sue\u00f1a que duerme a la intemperie, que pasa fr\u00edo y hambre, que agoniza bajo un techo de papel y que es ella misma la que pone en una pared su propia placa que, golpeada por la lluvia, se desmorona, se deshace y, finalmente, no rinde tributo a nadie. Se despierta inquieta y con ganas de continuar inform\u00e1ndose, le ha llegado hondo. Al d\u00eda siguiente, comienza nuevamente su ritual matutino, aunque ha acelerado el proceso que la lleva a leer el peri\u00f3dico. Pasa las p\u00e1ginas en busca de m\u00e1s noticias sobre <em>los nadies<\/em>, pero en esta ocasi\u00f3n no encuentra nada. Decide salir de casa e ir al pueblo a pedirle a Juan, el due\u00f1o de \u00absu quiosco\u00bb, que le env\u00ede cada d\u00eda, adem\u00e1s del habitual, un ejemplar de los otros tres diarios que \u00e9l vende. No puede ser que algo tan grave no tenga un hueco entre las noticias.<\/p>\n\n\n\n<p>Una semana despu\u00e9s desde la \u00faltima que lo vio, Manuela se percata de que el anuncio sigue saliendo en el peri\u00f3dico. Lo recorta y se lo queda. Lo guarda en el bolsillo interior de su chaquet\u00f3n, dentro de un plastiquillo de esos de guardar tarjetas de cr\u00e9dito que alguien ha tirado. Est\u00e1 sorprendida con las extravagancias de la gente por el titular tan extra\u00f1o que le han a\u00f1adido. \u00bfAcaso piensan que vivir como ella lo hace es una elecci\u00f3n? \u00bfSe creen que esto es un juego? Est\u00e1 muy irritada por todo, el aler\u00f3n del mercado no la ha cubierto lo suficiente y est\u00e1 empapada. No se puede permitir un resfriado. La noche ha sido dura y no ayuda, no hay sitio para tonter\u00edas en su cabeza.<\/p>\n\n\n\n<p>Fermina sigue d\u00eda tras d\u00eda a la caza y captura de algo que la informe sobre el asunto y, entre lo que lee, descubre noticias muy variadas acerca del tema: pol\u00edticos diciendo de ellos mismos que son pioneros en servicios sociales, ayudas del obispado, la labor de C\u00e1ritas en algunas ciudades, la denominada campa\u00f1a del fr\u00edo, una polic\u00eda apu\u00f1alada por un indigente en Canad\u00e1, estad\u00edsticas por comunidades aut\u00f3nomas y una noticia que la inquiet\u00f3 mucho: la misma fundaci\u00f3n que ha puesto las placas de cart\u00f3n denuncia que no podr\u00e1 atender a m\u00e1s <em>sin techo <\/em>por culpa de la inflaci\u00f3n. \u00abPero, \u00bfc\u00f3mo puede ser?\u00bb, se pregunta.<\/p>\n\n\n\n<p>Para Manuela hoy ha sido uno de los d\u00edas m\u00e1s duros desde que comenz\u00f3 todo, desde que huy\u00f3 de la bestia y decidi\u00f3 que nada podr\u00eda ser peor que sus golpes. Ha intentado asearse en el lavadero municipal y la polic\u00eda la ha echado, a ella y a otros m\u00e1s. La amenaza ha sido seria:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abSi los vuelven a ver merodeando por all\u00ed, acabaran encerrados\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Pero si es un sitio p\u00fablico!, \u00bfc\u00f3mo nos pueden tratar as\u00ed? \u2014grit\u00f3 mientras se marchaba a toda prisa.<\/p>\n\n\n\n<p>Con el impulso reci\u00e9n inyectado de adrenalina, anda varios kil\u00f3metros hasta que por fin encuentra un lugar a las afueras donde refugiarse. Bajo unos eucaliptos, y poco m\u00e1s serena, considera que no hubiera estado mal que la encerraran, se habr\u00eda asegurado el techo y la comida, pero ha sido tan indignante que no le ha quedado m\u00e1s remedio que salir de all\u00ed pitando. Ahora solo piensa en morirse, descansar\u00eda para siempre, se acabar\u00eda la verg\u00fcenza, el hambre, el fr\u00edo y el miedo.<\/p>\n\n\n\n<p>A Fermina la palabra \u201cnadie\u201d le retumba una y otra vez en la cabeza. Es la expresi\u00f3n de vac\u00edo y de inexistencia en un solo vocablo. Su ritual de salir a coger el peri\u00f3dico y quedarse un rato en la calle para ver si alguien, con su saludo, constata que est\u00e1 all\u00ed, viva, le sirve para huir de esa sensaci\u00f3n agobiante. \u00bfSer\u00e1 ella tambi\u00e9n alg\u00fan d\u00eda <em>una nadie<\/em>? \u00bfLo es ya? \u00bfQu\u00e9 sentir\u00eda si oficialmente la llamaran as\u00ed? De pronto, siente gran opresi\u00f3n en el pecho y vuelve a recurrir a la lectura. Por la noche, despu\u00e9s de leer todo ese dolor, rodeada finalmente de hojas con decenas de anotaciones al margen, queda rendida en el sill\u00f3n y vuelve a tener la misma pesadilla recurrente con peque\u00f1as variaciones. Le est\u00e1 afectando bastante y est\u00e1 comenzando a romper su ritual diario: se acuesta cada vez m\u00e1s tarde, se despierta tarde, saluda tarde a los viandantes y desayuna aprisa para sentarse a leer. Cada d\u00eda completa m\u00e1s su informaci\u00f3n. En poco tiempo llega a saber qu\u00e9 asociaciones se dedican a ellos en cada ciudad, qui\u00e9nes colaboran y qui\u00e9nes presumen solamente de los logros conseguidos pol\u00edticamente con campa\u00f1as de autocomplacencia a costa de la gente que no tiene d\u00f3nde caerse muerta. Una ma\u00f1ana, abrumada por todo, decide poner un anuncio muy escueto en el peri\u00f3dico, solo ofrece compartir su casa con alg\u00fan necesitado sin hogar. En \u00e9l incluye su tel\u00e9fono, no su direcci\u00f3n. Le ha a\u00f1adido un encabezamiento para hacerlo m\u00e1s po\u00e9tico y llamativo.<\/p>\n\n\n\n<p>Apenas ha dormido, el d\u00eda ha amanecido nuevamente nublado y no hay mercado donde conseguir algo que llevarse a la boca ni contenedor donde rescatar algo para leer. Echa a andar casi sin fuerza hasta que ve a lo lejos una zona de recreo, unos merenderos de esos que hay a las afueras de algunos pueblos. Rebusca en las papeleras que todav\u00eda no han sido vaciadas y rescata de su pl\u00e1stico un donut mordido y un trozo de bocadillo envuelto en papel de aluminio. Se lo come desesperada y al momento comienza a sentir una sed inmensa que alivia con el hilo de agua de un grifo inutilizado que no deja de gotear. Un descuido humano que a ella la est\u00e1 beneficiando. Despu\u00e9s decide acercarse al pueblo que se avista desde lejos, es muy temprano todav\u00eda. No le quedan muchas energ\u00edas con la noche que ha pasado y acaba refugi\u00e1ndose en un quiosco de m\u00fasica que hay en un parque. No hay mucho tr\u00e1nsito y la poca gente que pasa por all\u00ed no la mira. Se ha vuelto invisible para la mayor\u00eda de los humanos desde hace mucho. Solo la polic\u00eda la ve. Recuerda que al principio de vivir as\u00ed sol\u00eda taparse la cabeza para que nadie la viera porque la verg\u00fcenza era mayor que el fr\u00edo, pero con el tiempo se ha dado cuenta de que da igual, que no se percatan de su presencia, ha adquirido una especie de superpoder con el que puede estar en casi cualquier sitio.<\/p>\n\n\n\n<p>Nadie llama. Cae en la cuenta de que ser\u00e1 dif\u00edcil que puedan comprar un peri\u00f3dico y, m\u00e1s a\u00fan, que dispongan de tel\u00e9fono. Adem\u00e1s, en caso de tener acceso al anuncio, \u00bfc\u00f3mo llegar\u00e1n?.<\/p>\n\n\n\n<p>Al llegar la tarde, siente la necesidad de cumplir con su ritual para satisfacer su hambre de lectura. Se acerca a su presa con sigilo, el contenedor, y espera a que alguien llegue y se deshaga de sus papeles. Un individuo se aproxima, parece un tipo ordenado porque lleva un lote bien apilado y atado. Ella le pide por favor que, antes de depositar el lote la deje quedarse\u00a0\u00a0 con \u00a0alg\u00fan peri\u00f3dico. En un primer momento el hombre recela, pero acaba dej\u00e1ndole todo el paquete con la promesa por parte de Manuela de que tirar\u00e1 al reciclaje lo que no le \u00a0interese.\u00a0 Cuando ya lo tiene en sus manos, abre por curiosidad, por juego, la secci\u00f3n de anuncios y \u00a0vuelve a verlo all\u00ed. Adem\u00e1s del encabezado, que parece una broma, dice:\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abComparto mi casa con alg\u00fan necesitado sin hogar. Se le someter\u00e1 a una entrevista. Tiene que gustarle leer y dejarse instruir\u00bb. Manuela sigue sin creerse las tonter\u00edas que se le ocurren a la gente. Decide no volver a mirar nunca m\u00e1s esa secci\u00f3n, est\u00e1 resultando una tortura.<\/p>\n\n\n\n<p>Fermina se plantea ser paciente. A partir de ahora en el peri\u00f3dico propondr\u00e1 una cafeter\u00eda del pueblo, un sitio neutral que est\u00e9 lleno de gente por si acaso y un d\u00eda, los jueves. La soledad est\u00e1 empezando a hacer mella en ella.<\/p>\n\n\n\n<p>En el pueblo al que ha llegado Manuela, hay un comedor social, all\u00ed le han dado alimento y le han permitido asearse en los servicios. Ahora se siente m\u00e1s tranquila. Le han indicado un albergue donde podr\u00e1 pasar una o dos noches siempre que lleve su documentaci\u00f3n en regla. En ese sentido no va a haber problema, la lleva, todav\u00eda no se la han robado.<\/p>\n\n\n\n<p>Cada jueves acude a la terraza de la cafeter\u00eda de la Plaza como ha anunciado en el peri\u00f3dico. Mientras espera, una semana tras otra, d\u00eda tras d\u00eda, lee a su autor preferido, Garc\u00eda M\u00e1rquez, hasta que, poco a poco, comienza a aparcar la esperanza de que acuda alg\u00fan nadie a su llamada.<\/p>\n\n\n\n<p>Manuela ha estado todo el d\u00eda recogiendo vidrio, le han dado cuatro euros en total por todo, suficiente para un cart\u00f3n de leche y un pl\u00e1tano y a\u00fan le queda algo para guardar. Ha conservado una botella de pl\u00e1stico vac\u00eda y en el albergue la ha enjuagado bien y la ha rellenado de agua. El d\u00eda le est\u00e1 sonriendo. Tiene dos noches para respirar. A\u00fan le quedan en el bolsillo dos euros. Se encamina a recoger m\u00e1s vidrio, no en todas partes cuenta con esa posibilidad. Revisa las papeleras en busca de envases; en su lugar se topa con un amasijo de hojas de un peri\u00f3dico del d\u00eda anterior. No puede resistirlo y lo coge, se lo empapa entero. All\u00ed est\u00e1 otra vez el maldito anuncio. Es un nuevo tormento que la sigue a donde vaya. Empieza a sentirse obligada a no eludirlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Sobre la mesa, un platillo y una cucharilla, tambi\u00e9n un libro que Fermina acaba de dejar encima para darle el \u00faltimo sorbo a su infusi\u00f3n. Pide la cuenta al camarero, paga y se marcha de nuevo sola a su casa. Hoy no ha coincidido con ninguna cara conocida que le dirija un gesto salud\u00e1ndola, tampoco ha llegado nadie preguntando por su anuncio. Al salir, le sujeta la puerta a una se\u00f1ora que entra.<\/p>\n\n\n\n<p>El contraste entre la luz natural exterior y la luz de dentro de la cafeter\u00eda hace que Manuela achique los ojos para adaptar bien su visi\u00f3n. Se percata de que solo hay una mesa vac\u00eda en una esquina del fondo. Mejor, estima, as\u00ed podr\u00e1 saber qui\u00e9n entra y qui\u00e9n sale. Al acercarse se da cuenta de que se han dejado algo olvidado sobre la mesa o, quiz\u00e1s, el sitio no est\u00e9 libre. Es un libro. No puede resistirlo y le da la vuelta para ver el t\u00edtulo, &nbsp;<em>Doce cuentos peregrinos. <\/em>Si nadie lo reclamara, se lo quedar\u00eda y tendr\u00eda lectura para varios d\u00edas. Lo vuelve a dejar a la vista de todos por si regresaran a por \u00e9l, pero ni el propio camarero se da cuenta de que est\u00e1 all\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Un caf\u00e9 con leche, por favor \u2014pidi\u00f3 mientras le\u00eda el t\u00edtulo de la historia se\u00f1alada por el marcap\u00e1ginas. Parpadea con insistencia para salir de su asombro porque no puede dar cr\u00e9dito a lo que est\u00e1 viendo. Para asegurarse de que no desvar\u00eda saca del plastiquillo su recorte con el anuncio y vuelve a leer la dichosa cabecera que, si sus ojos no la est\u00e1n traicionando, resulta ser la misma que le da nombre al relato marcado: <em>Me alquilo para so\u00f1ar.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LA DEFENSA DE LOS DDHH DESDE LA LECTURA Y FOTOGRAF\u00cdA.<\/p>\n","protected":false},"author":39,"featured_media":4846,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[92],"tags":[],"class_list":["post-4845","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-andalucia"],"acf":[],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.9 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>FALLO DEL JURADO XI CERTAMEN DE RELATOS CORTOS Y IX DE FOTOGRAF\u00cdA EN DDHH - Andaluc\u00eda<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/blogs.es.amnesty.org\/andalucia\/2025\/06\/02\/fallo-del-jurado-xi-certamen-de-relatos-cortos-y-ix-de-fotografia-en-ddhh\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"FALLO DEL JURADO XI CERTAMEN DE RELATOS CORTOS Y IX DE FOTOGRAF\u00cdA EN DDHH - 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