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NORMA O CONCIENCIA   ¿Qué haríamos si tuviésemos una información que legalmente o preceptivamente no podemos divulgar pero que éticamente consideramos que deberíamos hacerlo? No es necesario que se trate de un tema de tanta envergadura como un correo clasificado que insta a espiar a miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas con […]

NORMA O CONCIENCIA

 

¿Qué haríamos si tuviésemos una información que legalmente o preceptivamente no podemos divulgar pero que éticamente consideramos que deberíamos hacerlo?

No es necesario que se trate de un tema de tanta envergadura como un correo clasificado que insta a espiar a miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas con el fin de forzar una resolución para ir a la guerra contra Irak[1], como el caso de la traductora Katherine Gun que fue acusada de romper el Acta de Secretos Oficiales, leyes que cubren la protección de los secretos de estado, información sensible y otros datos oficiales, sobre todo en cuanto a temas que afectan a la seguridad nacional.

Al salir de ver la película Secretos oficiales[2] más de un espectador se planteará si la legalidad debe pasar por encima de la conciencia, si la ética no es más importante que un compromiso legal, administrativo o profesional.

La ética conlleva responsabilidad, honestidad, compromiso para evitar a las personas acciones nocivas, siendo conscientes de que nuestros actos generan consecuencias. Y si reflexionamos, si hacemos memoria, seguro que encontramos en nuestro almacén vivencial más de una ocasión en la que revelamos o pudimos revelar algo delicado de otra/s persona/s porque nos encontrábamos entre la espada y la pared, y si lo hicimos cabría preguntarse si fue por cobardía, por no perjudicarnos, por no encubrir a esa/s persona/s, por salvar la cara…

La traductora Katherine Gun leyó un correo de información sensible, como tantos otros que desfilaban por su ordenador: las maquinaciones del centro de inteligencia británico (GCHQ)[3] para conseguir que las Naciones Unidad aprobaran la Guerra de Irak. Esta mujer pasó por un auténtico calvario en su afán por ser honesta con las personas que sufrirían los desastres de una guerra si esas maquinaciones conseguían su propósito. Teniendo en cuenta que estaba casada con un kurdo en proceso de conseguir los papeles de residencia no calibró las repercusiones que podría tener para él su revelación. En la película se ponen de manifiesto estrategias de represión como la de la expulsión de las personas administrativamente vulnerables y la de arrestar con acusaciones de traición a quienes no se someten al poder.

La aplicación estricta y escrupulosa de las normas que nos regulan no siempre casa bien con los principios éticos, con la justicia hacia los demás. La disciplina jerárquica, el acatamiento de las normas establecidas puede ser causa eximente de responsabilidades, pero no excusa una acción que dañe de manera irreversible a personas que se ven involucradas, en el caso que nos ocupa a varias naciones y pueblos que estuvieron al final inmersos en una guerra cruenta. Katherine Gun entendió que su obligación ética era desobedecer y divulgar maniobras oscuras que pretendían justificar un conflicto bélico de grandes dimensiones.

Sería ingenuo soñar con una transparencia de la información, con acabar con las cloacas de los Estados. Los documentos oficiales clasificados están repletos de atentados contra los derechos humanos, lo sabemos, pero cuando profesionales de la información se han jugado la vida por sacar a la luz algo de la inmundicia política hay que descubrirse y agradecerles su valentía y honestidad.

 

EQUIPO COMUNICACIÓN COMUNIDAD VALENCIA

 

Imagen de Sarah Richter en Pixabay

 

 

Enlaces a la película:

https://www.elcorreo.com/culturas/cine/critica-secretos-estado-20191028200940-nt.html

https://cartelera.elperiodico.com/peliculas/secretos-de-estado-34690.html

https://www.elconfidencial.com/cultura/cine/2019-10-25/secretos-estado-thriller-keira-knightley_2298232/

 

 

 

[1] La Guerra de Irak comenzó el 20 de marzo de 2003 con los bombardeos estadounidenses. El 5 de febrero de 2003, el ex Secretario de Estado estadounidense Colin Powell (2001-2005) ante el Consejo de Seguridad de la ONU intentó persuadir a la opinión pública internacional de que la guerra era necesaria. Su mensaje principal era que el hombre fuerte de Bagdad, Saddam Hussein, poseía armas biológicas y químicas de destrucción masiva, fomentaba el terrorismo y tenía ambiciones nucleares.

https://www.dw.com/es/la-guerra-de-irak-al-principio-fue-la-mentira/a-43314279

[2] 2019 Official Secrets. Gavin Hood.

[3] El Government Communications Headquarters (Cuartel General de Comunicaciones del Gobierno), más conocido como GCHQ, es uno de los tres servicios de inteligencia del Reino Unido.

https://www.bbc.com/mundo/movil/internacional/2010/04/100403_1609_bbc_visita_sede_espionaje_britanico_lf.shtml?page=all

 

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