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El ODIO Y LA MUERTE DE GEORGE FLOYD En días pasados pudimos ver en la televisión imágenes espantosas; un policía estaba matando tranquilamente a un hombre que estaba tumbado apretando fuertemente contra el suelo su cuello con la rodilla. La posición del agente le facilitaba la operación, parecía que no le costaba ningún esfuerzo. El […]

El ODIO Y LA MUERTE DE GEORGE FLOYD

En días pasados pudimos ver en la televisión imágenes espantosas; un policía estaba matando tranquilamente a un hombre que estaba tumbado apretando fuertemente contra el suelo su cuello con la rodilla. La posición del agente le facilitaba la operación, parecía que no le costaba ningún esfuerzo. El hombre repetía una y otra vez “no puedo respirar”. En pocos minutos dejó de hablar. Se vio salir un líquido que corría por el asfalto y que sin duda provenía de la víctima. Era orina. No había nada que hacer, ya estaba muerto. El hombre que había sido inmovilizado era de raza negra. Un hombre negro más que la policía de EEUU mata de vez en cuando, porque piensa que esconde un arma y le entra miedo y se ve impelido a disparar, o le ha visto correr y creía que huía o cualquier excusa peregrina que se puedan inventar. En esta ocasión le ha bastado con sus rodillas.

La persona asesinada se llamaba George Floyd. Quienes le conocían han dicho que era tranquilo, buen amigo, cariñoso y alegre. ¿Qué cosa tan grave hizo para que el castigo, antes de ser juzgado, fuese tan terrible que acabó costándole la propia vida? El empleado de un supermercado llamó a la policía porque pensó que Floyd estaba intentando usar un billete falso de veinte dólares. Los agentes implicados en el hecho fueron cuatro en total. El agente Chauvin, que así se llama el directamente implicado en la muerte de George, tiene una dudosa reputación tras casi dos décadas de servicio. Antes de este luctuoso suceso, el oficial acumulaba 18 denuncias presentadas contra él ante la oficina de Asuntos Internos del Departamento de Policía de Minneapolis y en dos ocasiones se tomaron medidas disciplinarias contra él[1]. Al parecer, es un ángel de la guarda de la seguridad ciudadana.

Tras este terrible episodio fue arrestado; la fiscalía lo había imputado inicialmente de homicidio en tercer grado, es decir, aquel en que el homicida no tiene intención de causar la muerte[2]. Mientras que a ninguno de los otros tres se les acusó de nada[3]. “Bajo esta acusación, la fiscalía considera que, si bien no tenía intención de acabar con su vida, Chauvin habría cometido homicidio imprudente con una acción desproporcionada que provocó la muerte de Floyd”[4]. Homicidio imprudente;  ¿“imprudente”? ¿no era consciente de la presión que ejercía, de su fuerza hasta que vio el resultado? Sin embargo, el fiscal de Minnesota ha elevado la acusación contra Chauvin a asesinato en segundo grado tras la primera imputación el 29 de mayo de asesinato en tercer grado y homicidio imprudente[5] y procesa a los otros tres agentes.

Según la legislación de Minnesota, el asesinato en tercer grado es el que causa la muerte de manera no intencionada por un acto peligroso y puede acarrear una pena de cárcel de no más de 25 años. Por su parte, el asesinato en segundo grado es el que ocasiona el fallecimiento de alguien sin intención por haber infligido o queriendo infligir un daño y puede ser penado con no más de 40 años de prisión.

Floyd había perdido el empleo de guardia de seguridad por la pandemia. La familia merece saber la verdad y recibir justicia y reparación. Ojalá que así sea porque a ninguna persona se le puede infligir un sufrimiento así, desencadenado por uno de los odios más feroces, el racismo.

Por el momento, se ha desatado una gran violencia, la mayor ola de violencia de disturbios racistas en cincuenta años en EEUU. Tan grave es la situación que se ha decretado el toque de queda en veinticinco ciudades. Los enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad son muy violentos, y hacen pensar en que la seguridad en ese país civilizado es de un tipo especial, desconocido para muchos de nosotros: se lanzan los coches contra los manifestantes atropellándolos sin piedad, como ocurre en otros países que no nombramos ahora. Se han podido ver claramente las imágenes en la televisión. En estos tiempos todo se ve, las cosas son difíciles de esconder. Otra cosa es que, aun con evidencias, los hechos sean admitidos como pruebas. Siempre nos explicaron que EEUU era el país de la libertad, todo el mundo era libre de pensar como quisiera. Pero parece que hay quienes su modo de pensar consiste en ser libres de odiar sin medida, y ejercen su pensamiento y lo llevan a la vida diaria causando sufrimientos atroces. La muerte de Floyd sucede tras una serie de actos de violencia racista contra personas negras americanas. Un ejemplo más de los niveles de violencia y discriminación en los Estados Unidos.

En EEUU en estos momentos se unen varias circunstancias, ha aumentado el paro, la pandemia por COVID-19, el racismo siempre presente, un presidente racista que es capaz de azuzar la violencia y que emite órdenes ejecutivas para atrincherarse como la que regula las redes sociales después de que Twitter calificara de “sin fundamento” dos de sus tuits. La orden se propone modificar la llamada Ley de Decencia de las Comunicaciones, una legislación de EEUU que ofrece una protección legal en ciertas circunstancias a plataformas como Facebook, Twitter y YouTube[6]. A este respecto, Michael Kleinman, director de Amnesty International’s Silicon Valley Initiative[7], ha manifestado: “todo el mundo debe tener acceso a la información, especialmente durante una pandemia, cuando la información correcta puede suponer la diferencia entre la vida y la muerte para muchas personas”[8].

El odio puede aparecer por doquier. Y cuando algunos pensábamos que la relación de la humanidad con la pandemia por COVID-19 nos volvería más reflexivos, menos violentos, y que nos daríamos cuenta de que el odio, en cualquiera de sus facetas, repercute más pronto que tarde sobre nosotros mismos, constatamos que no es así. No, parece que no vamos a mejor, persistimos en viejas costumbres y vemos, por ejemplo, a los políticos lanzarse bajezas. Parece ser que no se tiene capacidad de hacer otra cosa que no sea atacarse. Es bien sabido que la violencia engendra violencia y el odio, lo mismo. Casi seguro que a todos nos van llegando por Whatsapp mensajes de uno u otro signo, cargados de violencia y de odio, y ello es la prueba de que interesa originar un clima de crispación que favorece el odio. Lo que está ocurriendo en EEUU nos muestra las consecuencias directas. No tenemos excusas para eludir nuestra responsabilidad en no dejarlo crecer. La espiral del odio la hemos de combatir luchando por los Derechos Humanos, siempre y a cada momento. Somos muchos más los no violentos, los que deseamos que ese sentimiento tan ruin desaparezca y, aunque la lucha sea ardua, que lo es, acabaremos por lograr nuestro propósito.

Amnistía Internacional España ha escrito una carta para exigir que los responsables de la muerte de George Floyd respondan ante la justicia y pide ayuda para que su muerte no quede impune. #JusticeforFloyd

Exige justicia para George Floyd

https://www.es.amnesty.org/actua/acciones/eeuu-george-floyd-jun20/?utm_source=email&utm_medium=email&utm_campaign=mailsoc_firma_pai_eeuu_jun20&utm_content=20200602_floyd_boton


[1] https://us.marca.com/claro/mas-trending/2020/05/29/5ed1201fca474158218b463c.html

[2] https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-52856286

[3] https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-52886712

[4] https://www.rtve.es/noticias/20200529/acusan-asesinato-tercer-grado-policia-responsable-muerte-del-afroamericano-george-floyd-minneapolis/2015212.shtml

[5] https://www.elmundo.es/internacional/2020/06/03/5ed7fb6efdddff4e6c8b456f.html

[6] https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-52828924

[7] https://www.amnestyusa.org/staff/michael-kleinman/

[8] https://www.es.amnesty.org/en-que-estamos/noticias/noticia/articulo/eeuu-eximir-de-responsabilidad-a-las-empresas-de-redes-sociales-por-el-contenido-que-publican-es-pel/

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