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Rohingyas en Myanmar: La huida del apartheid y la muerte

Desde Amnistía Internacional nos hemos volcado en intentar difundir la realidad de esta etnia segregada y discriminada durante años que está siendo sometida a graves violaciones de los derechos humanos.

Texto: Susana Escribano @SusanaEscr

Una crisis humanitaria y de derechos humanos

Desde agosto de 2017 cuando se desató la escalada de violencia por parte del ejército de Myanmar contra la población rohingya más de 700.000 personas de esta minoría étnica se ha visto obligada a huir a Bangladesh escapando de un alto riesgo de muerte en su país.

En su éxodo la mayoría de estas personas arrastran graves problemas de salud, ya que, a la deshidratación, diarrea, fiebre o neumonía propias del trayecto se añaden numerosos casos de quemaduras de diversa consideración, heridas de bala y machetazos y, en el caso de las mujeres y niñas, las secuelas de las violaciones. Daños que llevan acompañada una grave afectación emocional ya que han sido testigos del asesinato de sus familiares, violación a las mujeres y destrucción de todo lo que antes conformaba su vida

A su llegada a los campos de refugiados de Bangladesh necesitan con urgencia ayuda humanitaria como alimentación, agua potable, cobijo y atención médica. Pero se encuentran con campos atestados formados por endebles chamizos que ellos mismos construyen a su llegada con bambú y plástico sobre laderas que corren un alto riesgo de riadas cuando llegue el monzón, y con un país que les ha abierto sus puertas pero que no los puede atender sin la ayuda internacional.

Rohingya aim woman desperate

Origen de la crisis

Los Rohingya son una minoría étnica predominantemente musulmana que lleva asentada en Myanmar (antigua Birmania) con anterioridad a la independencia del Reino Unido en 1948. Esta comunidad, hasta hace poco ubicada fundamentalmente en el estado de Rajine, al oeste del país y fronterizo con Bangladesh, lleva más de 50 años siendo perseguida y segregada por motivos raciales, llegando a formalizarse dicha discriminación con la Ley de Nacionalidad de 1982 que niega de hecho la nacionalidad a la población rohingya debido a su etnia. Sin embargo, es a partir de 2012 cuando las tensiones entre los rohingyas y los rajines, población mayoritaria de la zona y predominantemente budista, degeneran en disturbios y provoca que decenas de miles de rohingyas se vean obligados a abandonar sus casas y se instalen en campamentos de desplazados en los que son confinados y segregados. El 25 de agosto de 2017 un pequeño grupo armado denominado Ejército de Salvación Rohingya de Arakán ataca 30 puestos de seguridad matando a 12 agentes estatales, lo que provoca una respuesta militar completamente desproporcionada por la que se rodean e incendian pueblos enteros y se dispara a mujeres, hombres, niñas y niños indiscriminadamente.

De hecho, desde Amnistía Internacional denunciamos que el ejército de Myanmar en los últimos meses ha matado a cientos de mujeres, hombres y niños rohingya, violado a mujeres y niñas y cometido contra ellas diversas formas de violencia sexual, así como ha incendiado de forma selectiva pueblos enteros rohingya.

Una prioridad para Amnistía Internacional

Como no podía ser de otro modo una crisis de derechos humanos como esta es una prioridad de primer nivel para Amnistía Internacional. En nuestra comunidad hemos desarrollado una serie de mesas redondas a lo largo de toda su geografía cuya intención era la divulgación y sensibilización a la vez que la recogida de firmas online para la acción #RohingyaCrisis. Además de especialistas y grandes conocedores del tema, en una de estas mesas pudimos contar con la presencia del defensor de esta etnia Thun Kim.

Cartel mesa redonda rohingya

También fué especialmente significativo el maratón universitario de mesas redondas que organizaron los grupos de la UCM, UAM y URJC con el apoyo del equipo de refugio los días 20 y 21 de marzo coincidiendo con el Día Mundial en Contra de la Discriminación Racial. En ellas participaron profesores especialistas como Jessica Almqvist y Javier Esguevillas, el fotoperiodista Olmo Calvo, miembros de diversas ONGs y nuestro experto en el tema, Andrés Zaragoza.

Pero nuestro trabajo continúa. Nos faltan 1500 firmas para llegar a las 30.000 que nos habíamos fijado como objetivo. ¡Ayúdanos a poner fin a la violencia en Myanmar ya! ¡Firma!

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