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Mujer sonríe a cámara

Sin conciliación no hay democracia. Sin mujeres no hay salida

El papel de la mujer en esta crisis, que conforman el 70% del personal sanitario en España, ha de ser tenido en cuenta para que no de pasos hacia atrás. La violencia de género, los cuidados o su situación laboral son aspectos a tener en cuenta para que este pandemia no golpee duramente a la mitad de la población,

Autora: África Gómez Lucena, médico jubilada de atención primaria e integrante de la plataforma 8M Valdezarza

En España 5 millones de personas viven solas, gran parte son mujeres. Veremos cómo han pasado la crisis. Algunas de ellas viven en la calle. ¿Dónde están? No sabemos.

Respecto a quienes viven en familia, en el 13% de los hogares ha empeorado el reparto de las tareas y el 71% teme que tras el confinamiento la situación empeore. Los cuidados (¡tan importantes!) siguen siendo minusvalorados y considerados subalternos. Todos los cuidados (formales-informales) están asumidos en su mayoría por mujeres. Éstas representan el 70% en España y el 90 % en China de las profesiones sanitarias.

Está demostrado que incluir el género en el control de epidemias de una manera eficaz, mejoraría el control de las mismas. Escuchar las voces de las mujeres, preguntarse dónde están y qué hacen.

Laboralmente la situación tampoco es buena. En Europa las mujeres están empleadas un 65% y los hombres el 78%. ONU Mujeres advierte que la respuesta de las empresas tras el COVID 19 puede aumentar aún más la desigualdad. 

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) 1 de cada 3 mujeres sufre violencia de género en el mundo. En Francia aumentaron las llamadas por violencia de género un 36 %, en México un 60%, y en China se han triplicado. En España las llamadas al 016 aumentaron un 20% en el estado de alarma y dos mujeres han sido asesinadas por sus parejas. La situación ha empeorado en familias con menores en los domicilios y  veremos a posteriori quienes han sufrido malos tratos.

Aunque actualmente hay ministras o directoras generales que suponen un avance importante de la visibilidad de la mujer en la imagen pública, el discurso en las distintas comparecencias durante esta crisis predomina lo militar, el tono de guerra, la agresividad frente a la respuesta solidaria y generosa ante la adversidad que está demostrando la población general y los/as profesionales.

La gente muestra su responsabilidad no sólo quedándose en casa pasivamente como nos hacen ver, sino también actuando: yendo a trabajar, solidarizándose con la vecindad vulnerable, cuidando, organizándose: con la cultura en abierto, haciendo batas o mascarillas en casa, ofreciendo ayuda a domicilio, usando las redes para acompañar, mitigar el estrés, el miedo ante la enfermedad, etc. Estos grupos de apoyo (con muchas mujeres) han salido en gran medida de redes que ya funcionaban en los barrios, centros sociales o plataformas varias de ciudadanía organizada.

¿Cómo afectará la crisis a los más vulnerables?

No podemos olvidar a quienes ya se encontraban con mayor vulnerabilidad. Si con COVID19 se ha aplazado alquileres, parado desahucios o cortes de suministros -y puede que se apruebe una renta-, es el momento de que estas medidas tengan continuidad, que la crisis no recaiga en la parte más débil, de ampliar derechos que hoy debieran incluirse entre los fundamentales: vivienda, energía, alimentación. 

La libertad de expresión, tanto en las redes sociales como en las calles , no podrá ser coartada cuando esto pase.  

Y cerramos fronteras para personas y nos da igual si fuera de nuestra tierra, lejos (cuanto más mejor), mueren por dengue, paludismo, SIDA, hambre o COVID-19. Muchas de ellas diezmadas, empobrecidas por guerras provocadas y fomentadas desde países dominantes. 

La pandemia está colocando en el centro lo esencial de la vida .

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