Entrevista de Daniel Pinazo (DP) a Lara Esteve Mallent (LE), magistrada del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción N.º 2 de Llíria (Valencia). DP. Buenos días, usted forma parte de la Asociación de Mujeres de Juezas de España y en su juzgado tiene competencia exclusiva en violencia de género y derecho de familia, ¿no es […]
Entrevista de Daniel Pinazo (DP) a Lara Esteve Mallent (LE), magistrada del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción N.º 2 de Llíria (Valencia).
DP. Buenos días, usted forma parte de la Asociación de Mujeres de Juezas de España y en su juzgado tiene competencia exclusiva en violencia de género y derecho de familia, ¿no es así?
LE. Sí, soy la titular del juzgado de la Asociación de Violencia de los Tribunales de Lliria, en Valencia, e instruyo, es decir, investigo los delitos que afectan a las mujeres, ya sea en el ámbito de la pareja, expareja, agresiones sexuales, mutilaciones genitales femeninas y cualquier acto violento que se cometa contra las mujeres por el hecho de ser mujer.
DP. La actuación de un juez es establecer la justicia en relación a los actos delictivos que se cometan. De alguna forma es como corregir penalmente, pero ¿es suficiente la corrección penal?
LE. No, obviamente no es suficiente, pero cuando llegamos, el mal ya está hecho.
Y lo que podemos hacer es establecer las consecuencias penales del hecho delictivo, por un lado, respecto del autor y respecto de la víctima, tenemos que preocuparnos también, y es nuestra responsabilidad, de otorgarles medidas de protección para evitar que pueda sufrir más, tanto ella como sus hijos y sus hijas, y también medidas para evitar que vuelva a ser víctima, y también para que recupere los derechos que le han sido lesionados, no solamente a nivel físico, sino también anímico, psicológico, pérdida de oportunidades, por ejemplo, laborales, pérdida también de la confianza en el entorno familiar, en el entorno social, de todo esto también nos tenemos que preocupar los juzgados ya que la ley establece esta obligación de procurar una reparación integral de la víctima.
DP. Desde fuera, y visto con el desconocimiento que tenemos de cómo funcionan los juzgados, da la sensación de que es un trabajo que no es sólo para un juez, hay alrededor profesionales que asesoran, psicólogos que trabajen como peritos, ¿es así?
LE. Sí, es necesario contar con un grupo de profesionales que puedan atender desde las distintas perspectivas que la víctima necesita. Por eso, desde el juzgado, aunque la instrucción la dirigimos los jueces y las juezas, sí que contamos con un equipo, primero profesional del juzgado, donde van a tramitar los asuntos y donde van a ayudar a tramitar, pero además también un equipo forense, tanto a nivel de medicina legal, como también a nivel de psicología, que van a atender a la víctima, primero para explicarme a mí para valorar en qué medida el delito le ha afectado, y hacer un informe para que yo pueda establecer las consecuencias penales de esa afectación psicológica.
Además también contamos con profesionales que van a apoyar a la víctima desde el primer momento, en toda la Comunidad Valenciana hay oficinas de atención a la víctima, formadas por personal de psicología, y también por asistencia social, que va a acompañar a la víctima en todo momento, por ejemplo a las declaraciones, si no quiere entrar ella sola, también le va a dar asesoramiento jurídico o psicológico, qué puede necesitar, ayudas económicas, ayudas psicológicas, de acceso a vivienda, qué va a pasar con los hijos o hijas a su cargo. Son profesionales que no dependen directamente del juzgado, pero sí trabajan en colaboración con el juzgado, y por supuesto, en el ámbito policial, también hay medidas de protección, por ejemplo, necesidades que se van a asegurar y cumplir a través de acompañamiento a la víctima, de llamadas, establecimiento de pulseras localizadoras, etc. Todo esto requiere, obviamente, un alto nivel de colaboración y de cooperación entre las distintas profesiones que intervienen en esta materia.
DP. Da la sensación de que se requieren muchos recursos y hay mucha coordinación entre los recursos.
LE. Desde el punto de vista penal, cuando una persona comete un delito hay una estructura establecida para defender los derechos de las víctimas. Los derechos del investigado vienen directamente de la Constitución y se tienen que respetar, pero ello no obstaculiza el que nos preocupemos, también, de los derechos de las víctimas. Tenemos que trabajar en colaboración y cooperación. Tenemos muy buenas herramientas, pero también tenemos que tener en cuenta qué es lo que falla para poder avanzar en una línea de mejora del sistema.
DP. Ha hablado de prevención. Cuando estamos hablando de dar apoyo a las víctimas ya se ha consumado el delito. Pero la prevención implica educación en violencia de género. Y la educación es una parte muy importante dentro de esos recursos, desde el punto de vista preventivo.
LE. Sí, efectivamente. La formación es clave. Primero, la formación de las y los profesionales que trabajan en violencia. No solamente nos tenemos que formar los jueces y las juezas, sino también miembros de la fiscalía, personal de los juzgados, de la psicología y todos los profesionales que trabajamos en esto. La educación es clave.
Aquí contamos con una problemática. Por un lado, es la necesidad de que en los centros escolares se vaya a formar en igualdad. La mayoría del grupo educativo está plenamente preparada para formar en igualdad. Los niños y las niñas viven en la sociedad y los valores no los van a adquirir solamente en el colegio, sino también fuera, en la sociedad. Es necesario que la sociedad dé una respuesta en igualdad y en derechos humanos. No podemos dejar en manos de los maestros y las maestras la educación de los niños y las niñas. Mientras la sociedad y su conjunto no tengamos clara la necesidad adecuada de igualdad será complicado. Desde la Asociación de Mujeres Juezas ya llevamos años experimentando una iniciativa de trabajar con los centros escolares y acudir los líderes profesionales que trabajamos en esto a los centros para explicar a los niños y a las niñas cuáles son las consecuencias de no relacionarnos en igualdad. Explicamos que toda desigualdad no es violencia de género, pero sí toda violencia de género es una muestra de desigualdad de los hombres hacia las mujeres o de los chicos hacia las chicas. De alguna forma los patrones de desigualdad legitiman a las personas que tienen más tendencia a la violencia, generan esa violencia. Y cuando se les está dando unos inputs que son peyorativos hacia las mujeres, estereotipados, están creciendo, por ejemplo, en el conocimiento del sexo a través de ver cosas en redes sociales a edades muy tempranas, y van integrando todo esto y creciendo con estas creencias, con estos valores que tal vez no son los que corresponden para una sociedad en igualdad.
DP. Y en esa experiencia de ir a los colegios, supongo que también a los institutos, la sensación que tenemos de encuestas, de resultados de opinión de los jóvenes, es que las mujeres se han concienciado y no aceptan el maltrato como algo normalizado, pero parece que los chicos vuelven otra vez a recuperar una idea de que como hombres tienen un rol diferenciado con respecto a la mujer, que puede llevar a la violencia.
LE. Los derechos cuestan mucho de adquirir, y esta conciencia sobre la igualdad ha costado mucho, está costando mucho, y cualquier circunstancia puede llevar a retrasar un poco o a retrasarnos en lo ya avanzado. Es verdad que los jóvenes están creciendo en un mundo donde tienen acceso a lo que ellos ya se creen que es de información, en las redes que no son la mejor manera de informarse, y entonces esta falta de información puede llevar a que los chicos y las chicas, sobre todo los chicos, adquieran unas creencias que están en contra de la igualdad entre los hombres y las mujeres, entre los niños y las niñas. Y existe ese error de que la mujer tiene que ser protegida por el hombre que no la sitúa en un plano de igualdad, ese camino también es peligroso.
DP. Y en la experiencia que tiene en educación y también como jueza, esa reproducción de errores y estereotipos contra las mujeres, ¿ha percibido algún tipo de avance o de retroceso o de separación entre hombres y mujeres?
LE. Lo que he visto en el juzgado es la falsa creencia de que están protegiéndolas, velando por ellas, por eso piden una foto allá donde van para su seguridad, van a recogerlas a los sitios para su seguridad, y tienen esa creencia falsa de que es el hombre el que tiene esa responsabilidad de protegerlas, y es control. Entonces, al final se camufla como amor y lo que realmente esconde es una situación de total y absoluto control por parte del chico hacia la chica. Entonces hay que trabajar con ellos y también con ellas, y crear unas dinámicas que conforme se hacen mayores las pueden integrar en su vida adulta.
DP. El romanticismo este de que el hombre tiene que proteger a la mujer y la mujer tiene que sentirse protegida por el hombre. Y también esto es peligroso para ellos porque a ellos se les están creando unas conductas totalmente estereotipadas, como que son ellos los que tienen que proteger, son ellos los que tienen que dar la cara por una chica.
LE. Tenemos la responsabilidad de ser iguales como personas, de no crear violencia, de no crear conflictos, y a los chicos se les está creando una losa de que tienen que proteger. Hay que trabajar con ello, las mujeres no somos margaritas que nos tengan que proteger, nos tienen que respetar, y los hombres no tienen esa responsabilidad, tampoco esa carga, tienen que respetar a las mujeres y, en los casos de las parejas, andar de la mano una al lado del otro.
DP. Esa percepción de igualdad de hombres y mujeres se empieza con cosas como la relación laboral, ¿no? En la Asociación de Mujeres Juezas de España, una de las labores es conseguir una mayor igualdad en los ascensos en la carrera judicial. ¿Qué papel hace ahí la Asociación?
LE. En la carrera judicial es importante señalar que el acceso es por criterio totalmente objetivo, tres exámenes teóricos, y después un examen práctico, y el 70% o el 80% de las nuevas generaciones son juezas. Por lo tanto, lo que es la base de la judicatura somos mayoría mujeres, son criterios totalmente objetivos. Y, entonces, ¿qué pasa? Que conforme va subiendo el escalafón, conforme ya van creándose presidentes de audiencias o presidentas de tribunales, etc., las mujeres van desapareciendo. Y es raro. Porque ya hace muchos años que las mujeres estamos en la carrera judicial y, por tanto, hay mujeres con mucha experiencia.
Esto está también asociado al nivel de cuidados. Más del 95% de las licencias que se cogen por cuidados de hijos o de hijas o de personas mayores en la carrera judicial lo cogen las mujeres. Y esto también conlleva que se tenga paralizada la carrera judicial durante un tiempo determinado. Mientras que los compañeros siguen avanzando. Y esto no permite que las mujeres puedan desarrollarse. Por eso, una de las cuestiones que las mujeres juezas queremos poner de relieve es que estas licencias por cuidados de miembros de la familia se tengan en cuenta también a nivel de méritos para poder optar por las plazas de responsabilidad ya gubernativa, como pueden ser del consejo, o de las audiencias a nivel de jurisdicción.
DP. Claro, la asunción de los roles tradicionales de hombre y mujer es una limitación para el desarrollo de ese sentido de igualdad.
LE. Sí, pero también es un poco lo que tenemos que eliminar las mujeres, he conocido compañeras que tienen un bagaje, tienen experiencias, tanto teórica como práctica. Y después nos encontramos con que tienen el síndrome del impostor, que no se creen merecedoras de un puesto de alta responsabilidad.
DP. Tal vez por esa idea de que son ellos los que siempre tienen ese puesto de responsabilidad
LE. Hay que dar un paso adelante sin una interiorización de inferioridad. Las mujeres que optan y que consiguen estos puestos son unas líderes fabulosas, y tenemos que apoyarnos y avanzar, porque no somos más que los hombres, pero desde luego no somos menos.
DP. Pues desde aquí les animamos a que desaparezca ese sentido de inferioridad si es que ese es el motivo y, sobre todo, cambiar los roles de una manera que generen una conciencia de igualdad en las relaciones personales y profesionales.
Muchas gracias, Lara, por su testimonio.
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