Como todos los veranos nos encontramos en la televisión, internet y demás medios de comunicación noticias terroríficas (que contemplamos impasibles) de devastadores incendios, de víctimas, de gente evacuada, de pérdidas millonarias. En Almería, este verano, en el incendio de Los Gallardos han perdido la vida 14 personas. En cualquiera de los incendios ha habido muchas […]
Como todos los veranos nos encontramos en la televisión, internet y demás medios de comunicación noticias terroríficas (que contemplamos impasibles) de devastadores incendios, de víctimas, de gente evacuada, de pérdidas millonarias.
En Almería, este verano, en el incendio de Los Gallardos han perdido la vida 14 personas. En cualquiera de los incendios ha habido muchas personas que han perdido sus hogares, arrasados por las llamas, sus recuerdos, sus posesiones. Los bomberos y voluntarios que participan en los trabajos de extinción cada vez arriesgan más sus vidas, algunos de ellos mueren.
Los incendios cada vez son más agresivos, consumen más y más hectáreas, más esfuerzos y más vidas. Que son fruto del Cambio Climático, por más que muchos se esfuercen en negarlo, es indiscutible. Detrás de todo ello está la producción y consumo de combustibles fósiles, la contaminación que generan hace ascender las temperaturas globales incluso incendios tan enormes generan también contaminación y calor que los retroalimenta.
El Cambio Climático no es la causa directa de los incendios, pero sí intensifica el clima propicio para ellos. Con temperaturas más altas y clima más seco aumenta el riesgo y el poder destructor de los incendios.
El consorcio científico World Weather Attribution (WWA), que reúne a algunos de los mejores expertos mundiales en clima y fenómenos extremos, ha calculado que el calentamiento global ha hecho al menos 20 veces más probable el cóctel de calor, sequedad y viento que alimenta los grandes incendios en nuestro país. ¿Cómo lo saben?, pues comparando el clima actual, recalentado por quemar gas, petróleo y carbón, con un mundo sin esa influencia. Bajo este calentamiento global, las temperaturas son más altas, las olas de calor más intensas y prolongadas, hay menos lluvia y el viento se lleva la poca humedad que queda. Esto resulta en un paisaje que arde con facilidad y propaga las llamas a una velocidad inusitada.
Según los avances provisionales del MITECO (Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico) a finales de julio los incendios forestales habían afectado a 173.651,46 hectáreas en lo que va de año, casi seis veces más que en el mismo periodo de 2025.
Las comunidades más afectadas son: Castilla y León, Galicia, Madrid, Aragón y la Comunidad Valenciana.
En España, el humo ha deteriorado la calidad del aire durante los episodios de este verano, humo que puede desplazarse más allá de nuestras fronteras.
No hace falta estar cerca del incendio, la revista científica The Lancet publicó un estudio que relaciona la contaminación atmosférica por los incendios forestales con más de un millón y medio de fallecimientos anuales entre los años 2000 y 2019.
También se conocen los efectos de estas catástrofes en la salud mental: el confinamiento, el desplazamiento generan angustia, miedo y la pérdida de recursos ambientales y medios de vida generan impotencia y desesperación que lleva a la depresión o al estrés postraumático.
Por todo ello no podemos pasar por alto que esta es una cuestión de derechos humanos: derecho a la vivienda, al agua, a la alimentación, a un medio ambiente limpio, sano y sostenible, los medios de vida y los derechos culturales, no olvidemos que el fuego ha arrasado tanto bienes materiales como inmateriales. Por ejemplo, el incendio de las Médulas, en donde se encuentra la mayor mina de oro en Europa de la época romana al aire libre, que fue declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO, que ya fue devastada por los incendios de 2025 y que estaba en período de recuperación.
Este verano, el paraje de la Devesa, un valioso exponente de bosque mediterráneo, ha perdido por el fuego un 15% del pinar. Se calcula que El Saler tardará unos 20 años en recuperar esa pérdida. Independientemente de las causas, la acumulación de material combustible y la falta de cortafuegos siempre aumentan el riesgo de las catástrofes.
Desgraciadamente el factor humano es el que explica el 90% de los incendios, ya sea por motivaciones económicas o por imprudencias y negligencias o piromanía. A todo esto, se añaden las deficiencias en la prevención, el abandono del campo y una gestión forestal inadecuada como señalan en sus análisis organizaciones ecologistas como Greenpeace y WWF.
Naciones Unidas establece cinco acciones clave para la prevención de incendios forestales: gestión forestal, urbanismo resiliente, sistemas de alerta temprana, conciencia comunitaria y planificación multirriesgo.
Por su parte Amnistía Internacional ha desarrollado una serie de recomendaciones que son el resultado de investigaciones en el contexto de desastres como los derivados de la DANA y su gestión y que incluyen:
- Revisar sistemas de comunicación, avisos y alerta en emergencias dentro del Sistema de Protección Civil, con estándares internacionales actualizados y planes con personal técnico especializado.
- Protocolizar el uso de ES-Alert en los planes de emergencias autonómicos, garantizando que los organismos competentes pueden, deben y saben utilizar la herramienta.
- Adoptar un enfoque participativo que incorpore plenamente a las poblaciones afectadas en decisión, planificación y seguimiento de la recuperación, con información continua.
- Desarrollar planes de sensibilización y formación ciudadana sobre actuación en emergencias y autoprotección, con simulacros y formación escolar temprana incluida en el currículo.
La Corte Internacional de Justicia no hace mucho ha emitido una opinión consultiva que aclara las obligaciones de los estados respecto al cambio climático, calificándolo de “Problema existencial de proporciones planetarias que pone en peligro a todas las formas de vida y a la salud misma de nuestro planeta”. Nos dice que la inacción de los Estados frente a la protección del sistema climático puede llegar a constituir un acto internacionalmente ilícito. “Si no abandonamos con urgencia los combustibles fósiles, los incendios serán más frecuentes e intensos y sus impactos -también en derechos humanos- serán cada vez más devastadores”.
https://www.worldweatherattribution.org/about
Imagen de ANDRI TEGAR MAHARDIKA en Pixabay
Firma aquí: https://www.es.amnesty.org/actua/acciones/crisis-climatica-oct21/
ÁREA DE COMUNICACIÓN AMNISTÍA INTERNACIONAL COMUNIDAD VALENCIANA
Maite Redondo Jiménez
Coordinadora de Comunicación Amnistía Internacional Comunidad Valenciana y de Amnistía Internacional Elche
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