Extremadura
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Artículo 9. Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado. Hola. Hoy voy a hablar del artículo 9 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que dice que “Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado”. Este artículo es importante para Amnistía Internacional, porque parte de nuestro trabajo consiste en defender a los defensores […]

Artículo 9. Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado.

Hola. Hoy voy a hablar del artículo 9 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que dice que “Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado”.
Este artículo es importante para Amnistía Internacional, porque parte de nuestro trabajo consiste en defender a los defensores de derechos humanos precisamente de lo que nosotros llamamos las “detenciones arbitrarias”. Una detención arbitraria tiene una serie de características. Por ejemplo, no está basada en ninguna ley, es decir, no ha habido ningún delito de los tipificados en el código penal del país donde te detienen que hayas podido cometer. Se pueden realizar muchas veces por discriminación hacia la persona detenida. En estas detenciones tampoco se recibe un juicio justo. Y, en muchos casos, estas detenciones se producen cuando las personas estaban ejerciendo pacíficamente sus derechos.
Precisamente los defensores de derechos humanos sufren continuamente este tipo de detenciones arbitrarias: son arrestados, encarcelados, torturados y asesinados.
La canción que he escogido para ilustrar este artículo es una canción de la dictadura, lógicamente, es una canción protesta, de las que llamaban de “protesta” cuando se referían a todos aquellos actos que eran contrarios a los derechos humanos y estaban ejercidos por el régimen del momento.
La canción se compuso a raíz de una noticia que había salido en los periódicos del supuesto suicidio de un joven que se había tirado por la ventana cuando la policía fue de madrugada a hacerle un interrogatorio. Se llama «Què volen aquesta gent?» , que significa “¿Qué quiere esta gente?” Es el grito de la madre cuando oye los golpes de la policía en la casa. Está compuesta a partir de un poema de Lluís Serrahima, al que puso música Maria del Mar Bonet. La propia canción hace autocensura porque cuenta la versión oficial, la versión policial: la policía llega, interroga al chico y el chico se tira. Cuando en realidad se había producido un acto de violencia policial: le habían dado una brutal paliza que, o lo dejó muerto o medio muerto, y, para disimular, lo tiraron por la ventana fingiendo que se había suicidado. De hecho, las noticias terminan con una frase que dice: “Al parecer, los policías no encontraron nada comprometedor en su registro”. Primero pegan y después preguntan.
No fue el primer caso ni el último, porque al año siguiente otro chico en Madrid también fue “suicidado”. Ya en los años 20, en Estados Unidos, también le había pasado lo mismo a un anarquista (de esto hablaremos en el artículo siguiente) y, poco después de estos sucesos en España, también sucedió lo mismo en Italia, en Milán.

Este suceso de Milán fue llevado al teatro de la mano del genial dramaturgo Darío Fo, en su obra Muerte accidental de un anarquista, que seguramente muchos conocéis.
Darío Fo era muy crítico con el sistema, que también por entonces era una dictadura, crítico con el sistema, con el Vaticano, con la mafia…De hecho él también sufrió las represalias de los grupos… de aquella época. De hecho, su mujer fue golpeada y violada por uno de los grupos fascistas.

Claro, no me puedo ir sin dejar de mencionar otra obra fundamental de la literatura universal como es El proceso, de Franz Kafka, donde se narra una detención arbitraria con todas las características que hemos dicho. Fijaos en cómo comienza El proceso: «Alguien debió de haber calumniado a Josef K., porque sin haber hecho nada malo, una mañana fue detenido». Y a esta detención le sigue un larguísimo proceso en el que Josef K. jamás se enteró de por qué había sido detenido, cómo se había producido su juicio ni por qué el juez, al que nunca vio, lo había condenado a muerte.

Como veis, las detenciones arbitrarias se han producido siempre y se seguirán produciendo mientras nosotros no hagamos nada por detenerlas. Espero que no nos pase ni a vosotros ni a mí nunca nada parecido.
Muchas gracias por haberme escuchado.

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