Extremadura
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Terminó el 2021 y el número de personas que se ven obligadas a abandonar su hogar no ha parado de aumentar también este año. En los medios de comunicación y en nuestras conversaciones cada vez con mayor frecuencia aparecen referencias al cambio climático, a la escasez de determinados recursos naturales, a conflictos provocados por el […]

Terminó el 2021 y el número de personas que se ven obligadas a abandonar su hogar no ha parado de aumentar también este año. En los medios de comunicación y en nuestras conversaciones cada vez con mayor frecuencia aparecen referencias al cambio climático, a la escasez de determinados recursos naturales, a conflictos provocados por el interés estratégico de países poseedores de esos recursos. También oímos hablar del comercio de armas y de cómo esas armas en muchas ocasiones pueden ser utilizadas contra la población civil. Y encontramos las noticias de niñas y mujeres obligadas a casarse o de personas cuya vida está en riesgo por su orientación sexual o identidad de género, o por su religión o sus ideas políticas.
Hagamos el simple ejercicio de unir la oración que encabeza este texto con el resto de enunciados: “Las personas tienen que migrar… a causa del cambio climático, por su orientación sexual o identidad de género, por las guerras, etc.”. Y es que siempre hay poderosas razones detrás de la decisión de abandonar nuestra tierra, iniciar un azaroso camino y, en el mejor de los casos, poder solicitar asilo en otro país. Por eso, porque a lo largo de la historia se han producido estos desplazamientos, la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH) nos recuerda que las personas tenemos derecho a migrar, a ser acogidas en otro país, a recibir la protección de las leyes y convenios internacionales. Los derechos recogidos en los artículos 13 y 14 de la DUDH deben ser respetados por todos los países en cualquier circunstancia.
Del derecho a migrar, a desplazarse, trata el número 4 del boletín “Somos Activistas”; pero también, y sobre todo, de las personas que migran ahora y antes, de la riqueza cultural y humana que aportan personas como Diana, Saidou, Alejandra o Eugenio. Migrantes que construyen y aportan, que enriquecen nuestras sociedades, que crean lazos. Seguir consintiendo que el
Mediterráneo sea una tumba, que las vallas se multipliquen en la frontera con África, en la frontera de los EE. UU. o en el este de Europa, continuar sin establecer rutas seguras, no cumplir con la legislación internacional en materia de asilo y refugio, favorecer el expolio extractivista en América Latina, mirar para otro lado en el comercio de armas… todo ello provocará más muertes, más conflictos y más dolor. No impedirá que sigamos buscando una vida mejor, no evitará las migraciones.
La comunidad internacional debe establecer rutas seguras para quienes huyen y como ciudadanía tenemos la obligación de exigirlo a nuestros gobiernos. Como activistas de Amnistía Internacional, como personas convencidas de que un mundo mejor es posible, ofrecemos estas páginas que esperamos puedan ser también tu voz.

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