Córdoba-Presentación de Tori y Lokita, en Cine Cercano
El Grupo de Córdoba, en el ciclo Miradas de Cine sobre la Cooperación y la Solidaridad, de la asociación Cine Cercano
El pasado 27 de abril, el Grupo de Córdoba de Amnistía Internacional tuvo ocasión de participar en el ciclo Miradas de Cine sobre la Cooperación y la Solidaridad, organizado por la asociacion Cine Cercano de Córdoba, con la presentación de la película Tori y Lokita, de los directores belgas Pierre y Jean Luc Dardenne, así como el corto Cafuné, que ganó el concurso de ayudas a producción de cortos en derechos humanos el año 2022 que se organiza en Albacete, y posteriormente ha ganado el Goya a mejor cortometraje de animación en 2025.
La presentación, que tuvo lugar con carácter previo a la proyección de la cinta, celebrada en el Salón de Actos de la Facultad de Filosofía y Letras, permitió al Grupo de Córdoba hacer una breve exposición general sobre el trabajo de Amnistía Internacional, para, a continuación, y al hilo de las premisas argumentales de la cinta, dar cuenta de las diversas cuestiones relacionadas con los derechos humanos que presentan mayor relieve en la misma -concretamente, y muy en particular, temas como el refugio e inmigración en un contexto de retroceso de la vigencia de los derechos humanos en Europa-.
LA PELÍCULA
Plano fijo. Plano medio de Lokita. Interrogatorio policial. Lokita responde (voz apocada y con un deje de temblor) a las preguntas que, en tono suave pero sentido inquisitorial, le formula una voz en off. El interrogatorio se da por terminado cuando Lokita empieza un llanto tímido y entrecortado: se ve acorralada e incapaz de controlar los vacíos y contradicciones de sus respuestas.
Ésa es la secuencia -sobria, despojada, rayana en lo espartano- con que se abre ‘Tori y Lokita (Jean Pierre y Luc Dardenne; Bélgica, 2022) y con la que los Dardenne, en su línea habitual, ya nos dan una perspectiva plena de lo que vendrá a continuación: una historia que retrata, sin subrayados ni sobreactuaciones, pero con una dureza sin la más mínima concesión (formal ni temática), el fenómeno de la inmigración proveniente de los países más pobres del planeta en el marco de esa Europa próspera y blanquita que, hasta hace no mucho, fue punta de lanza en el tratamiento progresista de los derechos humanos -entre ellos, el de asilo y refugio-, y ahora retrocede sin pausa ni freno por la vía de políticas regresivas y restrictivas sobre las cuales planean los postulados de fuerzas reaccionarias y ultraconservadoras.
De todos modos, y más allá de esa denuncia y esa dureza, Tori y Lokita no deja de ser, también, una propuesta cinematográfica con calidad y con belleza. La calidad se la dan sus hechuras formales bien trazadas, una caligrafía pulcra, un ritmo narrativo preciso y sostenido y un manejo de los estilemas de género que equilibra drama y suspense de manera magistral. Y la belleza se cuela a través de las rendijas que, entre el dolor y la tristeza, consiguen abrir la ternura y los afectos sobre los que se sustenta la aventura vital de los dos personajes protagónicos; está en esos pequeños momentos, breves, fugaces, en los que, dándose apoyo mutuo, consiguen crear una burbuja en la que no hay sitio para esa caterva siniestra que les rodea y les acosa, y nos transmiten una emoción y una autenticidad (no es baladí que los dos intérpretes que los encarnan sean no profesionales) que nos reconfortan.
Porque ’Tori y Lokita’, en cuanto a propuesta narrativa, opera sobre dos elementos fundamentales: el primero, el contraste de actitudes entre sus dos personajes principales, un niño y una niña convertidos en adultos a la fuerza, pero que se manejan con modos y maneras muy diferentes (Tori, vivaracho, determinado, resolutivo, todo valentía y arrojo; Lokita, seria, introvertida, apocada, miedosa); y el segundo, el juego de la presión, que sufre especialmente Lokita (y que, de alguna manera, nos explica esa actitud antes apuntada), y que proviene de diversos frentes (la policía y la justicia, que pretenden denegarle la documentación que necesita para asentarse en el país; la mafia para la que trabaja, dedicándose al trapicheo; otra mafia, la que la introdujo en el país, con la que tiene que saldar la deuda contraída; su familia, para la que es única fuente de ingresos…). La confluencia de esas presiones, mútiples y sostenidas, es la que termina condicionando las acciones de Tori y de Lokita, y los lleva por los derroteros que la cinta nos muestra.
¿Fatalismo, crudeza? Por supuesto que sí, cómo negarlo. Los Dardenne no hacen prisioneros. Pero sí que nos ofrecen un relato frente al cual cabe sospechar que, lejos de cualquier punto de tremendismo o exageración, y como reza el viejo adagio, podemos estar seguros de que la realidad supera a la ficción. Aunque esta ficción sea tan dura, a la par que hermosa, como la epopeya vital de un niño y una niña para los que no parece haber sitio en un mundo cerrado y excluyente.
AMNISTÍA INTERNACIONAL Y LA INMIGRACIÓN
Si bien los movimientos migratorios no estuvieron entre las preocupaciones iniciales del trabajo de promoción y defensa de los derechos humanos llevado a cabo por Amnistía Internacional, ya a mediados de la década de los noventa del pasado siglo se introdujo una línea de trabajo relacionada con los derechos de asilo y refugio -basada en la normativa que emanaba de la Convención de Ginebra de 1951-, para, posteriormente, y con motivo de la incorporación de una perspectiva más amplia (que daba cabida a la acción en materia de DESC -derechos económicos, sociales y culturales-), abrirse también al trabajo sobre inmigración y desplazamientos internos con base en causas económicas y sociales.
A día de hoy, se puede decir, sin empacho alguno, que el trabajo sobre derechos migratorios constituye uno de los ejes básicos de la tarea de promoción y defensa de los derechos humanos básicos que desarrolla nuestra organización, cuyo planteamiento en la materia, a grandes rasgos, es el de promover su máximo reconocimiento y la eliminación de los obstáculos y cortapisas que, por desgracia cada vez con mayor ahínco, se ponen a tal reconocimiento en todos los ámbitos territoriales del planeta.
Son numerosos los informes y estudios publicados en la materia, entre los que cabría citar, por hacer referencia a algunos particularmente significativos, dada su cercanía en el tiempo, el emitido acerca de la situación de los menores no acompañados en Canarias, con motivo de la última crisis migratoria en ese territorio, o el lanzado, en fecha aún más reciente, acerca de las políticas migratorias de Donald Trump, muy en particular en lo que afecta al funcionamiento de las mismas respecto a la frontera mexicana. Tanto en uno como en otro hay un retrato detallado y bien documentado de las realidades sobre las que se proyectan y una denuncia clara de las carencias y deficiencias que se producen en los tratamientos, constitutivas de lisas y llanas violaciones de derechos humanos básicos y, como tales, reconocidos en los textos internacionales en la materia.
Es particularmente llamativo, por lo coincidente, que solo días antes de la proyección de la cinta, Amnistía Internacional haya publicado un informe tan contundente como revelador acerca del fuerte retroceso del reconocimiento de derechos migratorios (especialmente, en materia de asilo) desde el año 2021 (no es casual que la película sea de solo un año después, 2022…) en, ¿adivinan, amigos y amigas lectores, qué país? Pues sí, ese mismo, Bélgica. Poco más resta que añadir.
