Justicia para las mujeres afganas


Hamidi visitando la exposición «Ellas son la revolución. La lucha de las mujeres afganas contra el régimen talibán» 
La activista afgana Samira Hamidi es responsable de las campañas sobre Afganistán de Amnistía Internacional, estuvo en Asturias en una gira del 14 al 16 de mayo
Las mujeres y niñas afganas no buscan caridad, sino justicia. Artículo de Micaela Domínguez, responsable de género de Amnistía Internacional Asturias, con motivo de la visita de la activista afgana y responsable de Afganistán en Amnistía Internacional Samira Hamidi.
En medio de las crecientes crisis mundiales, Afganistán ha desaparecido de los titulares internacionales, y no precisamente porque las violaciones sistemáticas y a gran escala de derechos humanos hayan cesado.
Desde su vuelta al poder, el 15 de agosto de 2021, el régimen opresivo de los talibanes ha estado borrando sistemáticamente a las mujeres y niñas de la vida pública, ampliando paulatinamente las restricciones draconianas que les han impuesto, las más severas del mundo en materia de derechos y libertades. Lo que se traduce en que, si usted tiene una hija, ésta sólo podrá ir a la escuela hasta sexto grado, al resto de mujeres y adolescentes directamente se les prohíbe acceder a la educación, al empleo, a los espacios públicos, a salir de casa sin un mahran (acompañante masculino de parentesco cercano), a hablar por la calle, acceder a los parques, a ser vistas, e incluso acceder a la justicia.



Apartheid de género
Las violaciones y los crímenes de género en Afganistán están institucionalizados, emanan del gobierno talibán a través de leyes y decretos, se aplican mediante métodos opresivos y quienes se resisten se enfrentan a prisión, desapariciones forzadas o consecuencias peores. Y todo ello ante la indiferencia internacional escenificada en conferencias y declaraciones que parecen no ir más allá. Esta forma de opresión y exclusión tiene un nombre, apartheid de género, con lo que se pretende enjaular a unas mujeres que han demostrado una y otra vez que no son solo víctimas del régimen, sino que están en la primera línea de la lucha por la libertad. Porque son ellas las que siguen luchado incansablemente por sus derechos y su lugar en la sociedad. Un ejemplo es la campaña liderada por defensoras afganas de los derechos humanos para que se reconozca el apartheid de género como crimen de derecho internacional, campaña a la que Amnistía Internacional se sumó el pasado verano.



Conferencia. La lucha de la mujer afgana contra el apartheid de género. Acto organizado junto con la Dirección General de Igualdad del Gobierno del Principado de Asturias en el Palacio de los Condes de Toreno en Oviedo. Se invitó a autoridades del Gobierno del Principado de Asturias, Grupos Parlamentarios y Mesa de la JGPA, Ayuntamientos, FACC, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, Fuerzas Armadas operadores jurídicos (TSJA, Audiencia Provincial, Colegios de Abogacía, Fiscalía, etc.) así como, tejido asociativo de mujeres en Asturias, entidades sociales, ONGs, además de a soci@s, activistas y colaboradores de AI. Asistieron 75 personas. En el acto intervino la Directora General de Iguadad del Principado de Asturias, María Jesús Álvarez, y el presidente de AI Asturias, Gonzalo Olmos. Tras la exposición de Samira hubo un coloquio animado entre el público y Samira.
Más pobreza e inestabilidad
Las consecuencias de esta exclusión no sólo afectan a la mitad de la población afgana, sino que perjudica a todo el país. Apoyar el acceso de las mujeres afganas a la educación, el liderazgo y las oportunidades económicas puede contribuir a lograr la paz y la estabilidad a largo plazo. Sin embargo, la realidad es otra. Según World Economic Forum, Afganistán ocupa el puesto 156 de 156 países en el Informe Global sobre la Brecha de Género y volvió a ser clasificado como el país con peor desempeño en el índice en 2022 y 2023. En 2024, el país no contaba con datos suficientes para figurar en el informe.
Obviamente, todas estas restricciones impactan en las esferas social, económica y política del país. El Banco Mundial estima que la desigualdad de género en los mercados laborales puede reducir el producto interior bruto de un país en más de un 20%, y Afganistán no es la excepción. A medida que las mujeres se ven obligadas a dejar sus trabajos y se les niega el acceso a la educación y las oportunidades, la economía del país continúa contrayéndose, profundizando la pobreza y la inestabilidad.

Derecho a la educación
Las repercusiones de estas políticas opresivas van más allá de la economía. Desde un plano social, este retroceso en los derechos de las mujeres ha provocado un fuerte aumento de la violencia de género, de suicidios, de matrimonio infantil y de trabajo infantil.
Con las niñas sin escolarizar y las familias sumidas en la pobreza, muchas recurren a casar a sus hijas a una edad temprana o a enviarlas a trabajar en condiciones de explotación. Sin una intervención urgente, la crisis actual amenaza con crear una generación perdida de mujeres y niñas afganas, privadas de sus derechos, su futuro y su voz.
Privar a las mujeres de una educación es privar a un país de todo su potencial. Las mujeres educadas transforman las sociedades: fortalecen a las familias, mejoran los medios de vida y lideran con resiliencia. Cuando se les niega la educación a las mujeres, quedan vulnerables a ideologías extremistas y sistemas de dominación masculina que perpetúan la opresión, perjudican la economía y limitan la representación política a las voces de unas pocas.

Encuentro en la Universidad de Oviedo (Facultad de Filosofía) con estudiantes y profesores/as. El rector de la Universidad, Ignacio Villaverde, dando la bienvenida a Samira. Participaron este encuentro la investigadora del departamento de filosofía, Beatriz Rayón y Noelia Bueno, profesora de filosofía y activista de AI. Asistieron 30 personas entre estudiantes y profesores, el aforo estaba completo.
No las olvidamos
Desde la vuelta del régimen talibán, las afganas siguen recordando al mundo que la búsqueda de la justicia y la dignidad nunca puede ser silenciada por completo, y piden a la comunidad internacional que “hablen de nosotras, no nos olviden”. La visita a Asturias (14 al 16 de mayo) de Huria Samira Hamidi activista afgana por los derechos de las mujeres y responsable de campañas regionales de la Oficina Regional de Amnistía Internacional para Asia Meridional, nos ha dado la oportunidad no sólo de hablar de ellas sino de hablar con y escuchar a una activista afgana por los derechos de las mujeres. Podemos, así, escuchar de primer mano la situación en la que malviven las mujeres y niñas afganas, de hablarnos de sus historias personales y verlas más allá de los datos o estadísticas, como seres humanos con sueños, ambiciones y el derecho a vivir con dignidad.
Conocer la historia de Huria Samira Hamidi, como la de otras muchas mujeres afganas en lucha contra el apartheid de género, nos permite entender lo que la RAE define como valiente, esto es, una persona capaz de acometer una empresa arriesgada a pesar del peligro y el posible temor que suscita, porque eso son las mujeres afganas resilientes que no cejan en su lucha por un futuro igualitario en Afganistán.
Reuniones con autoridades




La responsable de Afganistán de Amnistía Internacional mantuvo varios encuentros institucionales, fue recibida por el presidente de la Junta General del Principado de Asturias, Juan Cofiño y por la concejala de Igualdad y Cooperación del Ayuntamiento de Oviedo, María Velasco
