Asturias
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Stop Genocidio, derechos de las mujeres, contra el racismo, defensores... trabajo en derechos humanos de AI Asturias 2025

 

Carta del Presidente de Amnistía Internacional Asturias, Gonzalo Olmos, con motivo de la 25 Asamblea Regional de socios/as

En un mundo donde poderosos actores políticos y económicos juegan con fuego, derribando cualquier regla internacional y atacando las conquistas alcanzadas desde la proclamación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) e impulsando el autoritarismo más descarnado y primario, la principal esperanza reside en una sociedad civil fuerte capaz de resistir el embate y atravesar las múltiples crisis que amenazan la propia idea fundacional que nos mueve: que todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos. En estos tiempos de desigualdad extrema y deshumanización, toca recordar, con toda la determinación posible, que los derechos no son privilegios de unos pocos ni concesiones graciables, y que no se puedan negar o despreciar de raíz, como pretenden quienes nos proponen un futuro de brutalidad, sumisión y desposesión, en el que la mayoría apenas puede anhelar poco más que la supervivencia.

Un mundo en riesgo

El movimiento de derechos humanos es hoy más necesario que nunca porque es difícil asistir a la conjunción de tantos riesgos en tan poco tiempo y a lomos de fuerzas arrolladoras. Hemos visto en los últimos meses el genocidio en Gaza y la elevación a proyecto inmobiliario del despojo de los derechos de los palestinos; la privación de cualquier derecho a las personas refugiadas y migrantes en Estados Unidos, y la persecución y ataque a quienes las defienden; el pisoteo del Derecho Internacional Humanitario en multitud de conflictos como el de Sudán o Ucrania; la indiferencia de la comunidad internacional ante el agravamiento del apartheid de género en Afganistán; el uso de una fuerza ciega y criminal frente a manifestantes en Irán; el repunte en la aplicación de la pena de muerte por los quince países donde aún se aplica, empezando por China; o la erosión constante del espacio cívico en países de Europa donde, por ejemplo, el ejercicio del derecho de protesta en solidaridad con el pueblo palestino puede acarrear ilegalizaciones y hasta cárcel, como ha sucedido en el Reino Unido.

El movimiento de derechos humanos es hoy más necesario que nunca porque es difícil asistir a la conjunción de tantos riesgos en tan poco tiempo y a lomos de fuerzas arrolladoras. Hemos visto en los últimos meses el genocidio en Gaza y la elevación a proyecto inmobiliario del despojo de los derechos de los palestinos; la privación de cualquier derecho a las personas refugiadas y migrantes en Estados Unidos, y la persecución y ataque a quienes las defienden; el pisoteo del Derecho Internacional Humanitario en multitud de conflictos como el de Sudán o Ucrania; la indiferencia de la comunidad internacional ante el agravamiento del apartheid de género en Afganistán; el uso de una fuerza ciega y criminal frente a manifestantes en Irán; el repunte en la aplicación de la pena de muerte por los quince países donde aún se aplica, empezando por China; o la erosión constante del espacio cívico en países de Europa donde, por ejemplo, el ejercicio del derecho de protesta en solidaridad con el pueblo palestino puede acarrear ilegalizaciones y hasta cárcel, como ha sucedido en el Reino Unido.


El movimiento de derechos humanos es hoy más necesario que nunca. En muy poco tiempo hemos asistido a una acumulación alarmante de crisis y violaciones graves

Frente a este estado de cosas, coincidimos con Albert Camus al identificarnos con el rebelde que dice “no”. No a la postración ni a asumir que la violencia y el sometimiento sea el estado normal de las cosas. No a la resignación y al escapismo ante acontecimientos que nos interpelan. No a la impunidad de quienes utilizan el horror y el miedo como divisa y pretenden sacar réditos políticos de ello. Pero, igualmente, nuevamente con Camus, decimos “sí” desde nuestro primer movimiento. a la defensa de los límites del poder y su sujeción por el Derecho, en el ámbito de cada Estado y también mediante el Derecho Internacional. a la preservación de la dignidad inviolable del ser humano, a la igualdad de derechos sin distinciones y a la protección de las personas para su desarrollo. al refugio y al asilo, y a que las personas migrantes sean tratadas con humanidad como titulares de derechos. Y, , desde luego, al fortalecimiento de la sociedad civil, a organizaciones sociales con músculo y capacidad de reflexión y acción; a opiniones públicas vibrantes y libres capaces de repeler la amenazante subcultura del odio y de llevar a la práctica la diversidad y el respeto en todos los ámbitos de la vida.

NO a la resignación.
NO a la impunidad.
NO a aceptar la violencia y el sometimiento como algo inevitable.

En la respuesta a las amenazas actuales, Amnistía Internacional juega un papel determinante. Con su largo recorrido desde 1961, y, en Asturias, desde los años finales del franquismo hasta la constitución de su primer grupo local en 1981, somos la organización de derechos humanos más importante del mundo, y la más independiente y rigurosa. Es posible gracias a los más de diez millones de personas que contribuyen con su cuota, a los miles de activistas en 150 países, a sus 67 secciones estatales, a los equipos profesionales que dotan de solidez y profundidad a nuestro trabajo, y a las innumerables personas que colaboran en sus campañas e iniciativas.

Una fuerza global

En Asturias, trabajamos en esa resistencia por la dignidad humana, con el trabajo de la Entidad Autonómica, los grupos de acción de Avilés-Pravia y Gijón, los equipos sectoriales de educación, activismo, redes y comunicación y relaciones institucionales, y con una actividad en coalición con otras muchas organizaciones de la sociedad civil en distintos ámbitos. Y siempre bajo la premisa básica: somos un grupo de personas que ayuda a otras personas en situación de dificultad, con nombre y apellidos.

Muchos casos

En 2025, hemos trabajado por la libertad de Mahmoud Khalil, estudiante palestino detenido y que, desgraciadamente, sigue amenazado de expulsión por su activismo en la Universidad de Columbia, Nueva York; o la de Andry Hernández, venezolano enviado de manera ilegal desde Estados Unidos al Centro de Confinamiento del Terrorismo en El Salvador pese a no tener participación en ninguna actividad delictiva, que fue finalmente liberado gracias a la presión ejercida. Reclamamos igualmente la liberación del médico palestino Hussam Abu Safiya, arbitrariamente encarcelado en la prisión israelí de Ofer, y no descansaremos hasta que se ponga fin a la injustica que con él se comete. Conseguimos que la venezolana Rocío San Miguel, presa de conciencia, fuese liberada, regresando a España y agradeciendo directamente a Amnistía Internacional su labor.

Acciones colectivas

Colaboramos con un número notable de colectivos asturianos en actos simbólicos destinados a recordar el nombre de muchas de las 20.179 víctimas infantiles de la barbarie del Ejército Israelí en Gaza, y decir así quelas vidas palestinas importan. Hemos contribuido con nuestra presión a defender a personas como Seán Binder (recientemente absuelto en Grecia) que rescatan a personas migrantes que corren el riesgo de zozobrar, y que padecen hostigamiento y persecución por esa labor humanitaria. Hemos conseguido conmutaciones de pena de muerte como la de Rocky Miers en Alabama, condenado en 1991 a la pena capital en un proceso discriminatorio y sin garantías. Luchamos por la libertad de Narges Mohammadi, la valiente activista por los derechos de las mujeres iraníes que no teme el zarpazo de la represión. Acogimos durante unos meses inolvidables al ejemplar periodista Alberto Amaro y su familia, hostigado en México por sus denuncias sobre los vínculos del narcotráfico con los poderes públicos. Acompañamos a la afgana Samira Hamidi para dar a conocer en nuestra región su incansable combate por los derechos de las mujeres en su país.

Presión sostenida

Y no nos olvidamos de España, donde hemos sostenido que ninguna respuesta punitiva debe llevar a situaciones desproporcionadas e injustas como las que viven “Las 6 de La Suiza”, que deben recobrar ya su plena libertad. O que no podemos acostumbrarnos a la lacra de la violencia de género, que ha acabado con la vida de 48 mujeres el año pasado, a las que hemos recordado apoyando la labor del movimiento feminista y, particularmente, del colectivo “Muyeres de la Escandalera” que no desfallece en su denuncia.

25 años de actividad en Asturias

En este difícil contexto, pero seguros de nuestra causa y conocedores de lo mucho que podemos hacer, afrontamos la XXV Asamblea de Amnistía Internacional Asturias, en la que revisaremos el trabajo hecho, planificaremos las próximas actuaciones y daremos el debido relevo en el Comité Ejecutivo. Se dice pronto, pero 25 años de actividad orgánica y de robustecimiento del activismo y de la presencia en nuestra Comunidad Autónoma es el fruto de un trabajo continuado de muchas personas generosas en el esfuerzo y el compromiso. Conscientes de las dificultades, superaremos estos tiempos de caos y crueldad. Seguiremos en pie en la defensa de los derechos humanos y no cejaremos en nuestro empeño por la libertad y la dignidad de todas las personas.

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