Andalucía
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ES LA SOCIEDAD LA QUE CONSTRUYE ESOS PREJUICIOS QUE NOS LLEVAN AL ODIO.

Cristóbal Fábrega Ruiz.

Coordinador de Amnistía Internacional Jaén.

PUBLICADO EN EL DIARIO JAÉN EL DOMINGO 25 DE MAYO DE 2025

El pasado día 17 de mayo se celebró el Día Internacional contra la Homofobia, Transfobia y Bifobia, jornada que busca concienciar sobre la discriminación y abusos que todavía sufren en nuestra sociedad las personas homosexuales, transexuales y bisexuales.

¿Por qué amar sigue siendo un delito en el siglo XXI? ¿Por que aún millones de personas se enfrentan a insultos, violencia, discriminación, tortura, encarcelación y hasta ejecuciones por su orientación sexual o identidad de género? 62 países castigan con penas de cárcel o castigos físicos las relaciones entre personas del mismo sexo. En otros, la homosexualidad es ilegal y castigada penalmente, sin olvidar los delitos de odio. 12 países la castigan con pena de muerte.

Por ello, sigue siendo necesario alzar la voz y reivindicar los derechos de este colectivo, rechazando la discriminación o incluso el odio hacia las personas por su orientación sexual.  Detrás del odio o rechazo a estas personas están los estereotipos y prejuicios, algo que se construye socialmente. Es la sociedad la que construye esos prejuicios que nos llevan al odio. La discriminación basada en la orientación sexual y la identidad de género desemboca muchas veces en asesinatos, agresiones físicas, sexuales y psicológicas, así como coarta la libertad de movimiento de las personas, la libertad para mostrar sus afectos y emociones, la libertar para expresar su modo de vestir, hablar o expresarse, lo cual puede generar problemas de autoestima, de ansiedad y estrés y hasta aumenta las posibilidades de depresión y suicidio.

Porque la discriminación y ataque hacia las personas LGBTIQ+ es una realidad diaria. La orientación sexual e identidad de género sigue siendo en muchos países un tabú social que conlleva rechazo, discriminación y abuso hacia ellas.

Los discursos de odio sobre orientación sexual se dan en todo el mundo fomentando la intolerancia, la discriminación y la violencia hacia el colectivo LGTBIQ+. Frente a ello en 1994 el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas dictaminó que las leyes que prohíben la homosexualidad violan el derecho a la privacidad y a no sufrir discriminación. Además, en el año 2000 se aprobó la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea, que prohibía por primera vez la discriminación por motivos de orientación sexual.

Las mayores experiencias de discriminación las han vivido en el trabajo, seguida de en lugares de ocio como cafés, restaurantes, bares o discotecas, en el sector educativo y en el sanitario, además de en el acceso a una vivienda. Las llamadas ‘terapias de conversión’ con internamientos forzosos o usando electroshock violan sus derechos a la salud. En el caso de niños y niñas intersexuales, siguiendo cuestionados protocolos, estos pueden ser víctimas de prácticas nocivas como intervenciones quirúrgicas y de otro tipo, innecesarias desde el punto de vista médico, sin su consentimiento informado. Estas prácticas violan el derecho de la persona a la integridad física y pueden tener consecuencias duraderas sobre su derecho a la salud y sus derechos sexuales y reproductivos.

Amnistía Internacional, en su lucha contra la homofobia, transfobia y bifobia, defiende que todas las personas, independientemente de su orientación sexual o identidad de género, deben disfrutar de todos los derechos humanos. La persecución de las personas en base a su identidad y orientación sexual no se encuentra justificada nunca. La forma de amar, siempre que se dé en un plano de igualdad y de forma consentida, no puede ser justificante de castigos que incluso llegan a la pena de muerte.  Y eso es intolerable.