AUMENTO MUNDIAL DE LA PENA DE MUERTE
AMNISTÍA INTERNACIONAL MÁLAGA PONE DE MANIFIESTO UN AÑO MÁS ESTE ACTO INHUMANO Y CRUEL
ES UNA FORMA DE REPRESIÓN PARA CALLAR DISIDENCIAS.
En 2024, las ejecuciones a nivel mundial aumentaron drásticamente, impulsadas sobre todo por Irán y Arabia Saudí. Irán ejecutó al menos a 972 personas –el 64% del total global conocido–, usando la pena de muerte como herramienta de represión tras las protestas del movimiento Mujer, Vida y Libertad. Entre las víctimas hubo personas condenadas tras juicios sin garantías, incluyendo a un joven con discapacidad mental.
Arabia Saudí duplicó sus ejecuciones, alcanzando al menos 345. Muchas de ellas fueron utilizadas para silenciar disidencias políticas y castigar a personas de la minoría chií que participaron en protestas pasadas.
Estados Unidos también registró un repunte, con 25 ejecuciones, la segunda cifra más alta desde 2015. Cuatro estados reanudaron su uso y Alabama triplicó su número de ejecuciones.
Otros países con aumentos significativos fueron Irak (63 ejecuciones) y Yemen (38). En cambio, en África Subsahariana se observó una caída, con Somalia como el único país de la región que continuó ejecutando.

A pesar del panorama desolador, hubo algunas buenas noticias: Bangladesh no registró ninguna ejecución por primera vez desde 2018.
Las cifras globales no incluyen los datos de China, Corea del Norte y Vietnam, países donde el secretismo impide conocer el número real, aunque se cree que es muy elevado.
Amnistía Internacional Málaga ha realizado espacio de música, poesía y reflexión este 10 de octubre para seguir haciendo visible esta práctica inhumana y cruel. Con este poema de Tecla Lumbreras, leído en este acto, queremos pensar que poco a poco su erradicación será posible.

Hoy el eco del silencio resuena fuerte,
el grito de los inocentes, en su aliento se esconde.
La muerte, la última de las decisiones,
no pertenece a manos humanas,
ni a leyes ni a juicios.
Nos enseñaron a ver la vida como un don,
un susurro de la naturaleza que se extiende
en cada mirada, en cada gesto,
en cada esperanza aún sin cumplir.
Y, sin embargo, algunas manos deciden truncarla
sin vuelta atrás, sin redención.
No somos dioses, ni jueces absolutos.
Somos errantes, en busca de justicia
y no de venganza.
En el tribunal de la humanidad,
el perdón debe ser más grande
que el castigo, más profundo que el odio.
Hoy, mientras el mundo recuerda este día,
hagamos un pacto con la humanidad,
uno que no acabe en sangre,
que no cierre puertas sin volver a abrirlas,
que no quite la esperanza de aquellos que aún sueñan.
Por cada vida que se apaga injustamente,
levántate, habla, no te calles.
Que la justicia se vista de compasión,
y que la pena de muerte se quede
solo en las páginas de un pasado
que ya no queremos repetir.
Fotografía : Jesús Mérida
