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Philippe Sands en Noreña: memoria, justicia y derechos humanos

Activistas de Amnistía Internacional Asturias con Sandra Garnier Guzmán

 

 

¿Qué hacía uno de los juristas internacionales más prestigiosos del mundo y uno de los escritores de no ficción más reconocidos de la actualidad ofreciendo una charla en un pequeño pueblo de Asturias? Crónica del Memorial «Juan Guzmán Tapia», organizado por Asociación Cultural «Contigo» en Asturias

La respuesta tiene que ver con la memoria, los derechos humanos, la búsqueda de la verdad y las extrañas conexiones que a veces unen historias aparentemente lejanas. También con personas comprometidas con la justicia y con la necesidad de seguir defendiendo, incluso décadas después, que los crímenes contra la humanidad no pueden quedar impunes.

El pasado 12 de mayo, la Casa de Cultura de Noreña acogió el Memorial “Juan Guzmán Tapia”, organizado por la Asociación Cultural Contigo Noreña. El acto giró en torno a la conferencia “Reflexiones sobre la calle Londres 38. Pinochet en Inglaterra y un nazi en la Patagonia”, impartida por el prestigioso jurista y escritor Philippe Sands.

La presentación del acto corrió a cargo de Gabino Busto Hevia, conservador del Museo de Bellas Artes de Oviedo; Sandra Garnier Guzmán, hija del juez Juan Guzmán (hizo de traductora); y Daniel Prieto Francos, magistrado de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Asturias.

Activistas de Amnistía Internacional Asturias no quisimos dejar pasar la oportunidad de conocer personalmente a Philippe Sands. Gracias a la Asociación Cultural Contigo pudimos compartir un breve encuentro con el escritor momentos antes del inicio de la charla, en el que le hicimos entrega de nuestro recién presentado informe anual. Después tuvimos además la oportunidad de asistir a esta conferencia inolvidable.

Un jurista internacional en un pueblo asturiano

“Es un honor estar aquí para participar en el memorial del juez Juan Guzmán. Es mi primera vez en Asturias y estoy encantado”.

Así comenzó Philippe Sands una intervención que durante más de dos horas mantuvo cautivado a un auditorio completo. Sands habló con la naturalidad de quien lleva media vida transitando entre tribunales internacionales, archivos históricos y escenarios políticos de primer nivel.

Contó que apenas el día anterior se encontraba en Ámsterdam, en la Corte Internacional de Justicia de La Haya, sentado junto a la presidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, ejerciendo como abogado de Guyana en la disputa territorial por la región del Esequibo.

Pero en Noreña no estaba el abogado internacional. Allí apareció el narrador extraordinario, el investigador, el detective de la memoria histórica capaz de convertir complejos procesos judiciales y oscuros episodios del siglo XX en relatos humanos apasionantes.

Las casualidades de las grandes historias

Sands explicó cómo su trayectoria siempre ha estado dividida entre el derecho y la escritura.

“Mi vida comenzó estudiando leyes, pero muy pronto también empecé a escribir libros”

Para él, gran parte de sus investigaciones nacen de una pregunta íntima: “Creo que todos, en algún momento de nuestras vidas, estamos interesados en nuestra identidad, descubrir quiénes somos”.

Esa búsqueda personal fue precisamente la que acabó desencadenando una cadena de casualidades —o “milagros”, como él mismo los denominó— que dieron origen primero a Calle Este-Oeste y más tarde a Calle Londres 38.

Todo comenzó durante un viaje a la ciudad ucraniana de Lviv, donde acudía para impartir una conferencia. Allí, entre muchas otras cosas, conoció al descendiente de un antiguo nazi que le entregó un inmenso archivo familiar con más de 10.000 documentos.

Entre aquellos papeles apareció una carta firmada por un tal Walther Rauff, el oficial nazi responsable del diseño de las cámaras de gas móviles utilizadas en el exterminio de cientos de miles de judíos durante la Segunda Guerra Mundial. En aquella carta, Rauff animaba a antiguos nazis huidos tras la II Guerra Mundial a refugiarse en América Latina.

Ese hallazgo acabaría conectando inesperadamente con la dictadura chilena y con Augusto Pinochet.

Pinochet y la llamada inesperada

Durante la charla, Sands relató cómo descubrió la estrecha relación entre Walther Rauff y el régimen de Pinochet. Una historia que incluso llamó la atención de uno de sus vecinos durante más de veinte años: el célebre escritor de espionaje John le Carré.

Cuando Sands le contó sus hallazgos, Le Carré le respondió con una frase demoledora: “Tienes una mina”.

El jurista recordó también cómo vivió uno de los acontecimientos clave del derecho penal internacional contemporáneo: la detención de Pinochet en Londres en 1998. “Era el día de mi cumpleaños y estaba delante de la televisión esperando ver un partido de fútbol. La BBC interrumpió la emisión para informar del arresto”. Como profesor de derecho internacional, comprendió inmediatamente la dimensión histórica de aquel momento: “Era la primera vez que un ex jefe de Estado era detenido en otro país por crímenes contra la humanidad”.

Pocos días después, mientras asistía en París al funeral de su abuelo, recibió una llamada sorprendente: el equipo legal de Pinochet quería contratarle para la defensa del dictador chileno. Sands confesó que estuvo cerca de aceptar por el principio del «Cab_Rank Rule» de los abogados barristers.

Hasta que intervino su mujer. “Me dijo que si defendía a Pinochet se divorciaría de mí”.

Finalmente, acabó participando en el proceso… pero en el lado contrario. Aún sigue casado. Y si no hubiera declinado la propuesta del gabinete jurídico de Pinochet «seguro que no estaría aquí».

La búsqueda de la justicia

Para Philippe Sands, el caso Pinochet constituye uno de los procesos más relevantes del derecho internacional desde los juicios de Núremberg. Aunque el dictador chileno terminó regresando a Chile tras 503 días de arresto domiciliario en Reino Unido, Sands continuó investigando durante años todo lo ocurrido alrededor del caso.

Sus pesquisas le llevaron a descubrir documentos y acuerdos secretos entre Chile y Reino Unido destinados a facilitar la liberación del dictador. Incluso llegó a conocer la existencia de un supuesto manual preparado para que Pinochet fingiera deterioro mental y físico.

Pero el hallazgo más importante fue otro. Un documento firmado por el propio Pinochet autorizando la conocida como “Caravana de la Muerte”, la operación represiva responsable de asesinatos y desapariciones durante la dictadura chilena. Una prueba decisiva que nunca llegó a manos del juez Juan Guzmán Tapia, el primer magistrado que procesó a Pinochet por crímenes de lesa humanidad.

Todo esto fue contado por Sands sentado al lado de Sandra Garnier Guzmán, hija del juez.

Cuando ambos cruzaron sus miradas y se estrecharon la mano, el auditorio rompió en un largo y emocionado aplauso. Fue, probablemente, el instante más conmovedor de toda la charla.

Un proyecto a largo plazo

Sands y Juan Guzmán nunca llegaron a conocerse personalmente antes del fallecimiento del magistrado en 2021. Sin embargo, sus trayectorias quedaron profundamente unidas por la defensa del derecho internacional y la lucha contra la impunidad.

Las revelaciones recogidas en Calle Londres 38 han provocado una enorme repercusión política y mediática en América Latina, hasta el punto de inspirar una película y una intensa gira de conferencias que Sands iniciará próximamente por distintos países latinoamericanos.

La charla concluyó con una reflexión sobre el presente de los derechos humanos y del derecho internacional.

“Vivimos un momento complicado, muy difícil. Estamos viendo cosas atroces contra los derechos humanos, pero el proyecto de los derechos humanos es un proyecto a largo plazo”.

Frente al escepticismo creciente hacia las instituciones internacionales, Sands defendió que el derecho internacional sigue teniendo efectos reales, aunque muchas veces resulten invisibles.

La razón de su charla en Noreña

Al terminar la conferencia quedó resuelta la pregunta inicial.

Philippe Sands estaba en Noreña porque las historias de la justicia y de la memoria no entienden de grandes capitales ni de geografías. Porque un pequeño pueblo asturiano puede convertirse, durante unas horas, en el lugar donde confluyen los ecos de la Segunda Guerra Mundial, la dictadura chilena, los tribunales internacionales y la defensa universal de los derechos humanos.

Y porque asociaciones culturales modestas, como la Asociación Cultural Contigo Noreña, también son capaces de mantener viva la memoria de quienes se enfrentaron a dictadores y genocidas desde el compromiso ético y la justicia.

Durante dos horas, Sands no solo habló de libros, juicios o documentos históricos. Habló, sobre todo, de personas, de identidades comprometidas con la humanidad.

De personas como Juan Guzmán.

De la necesidad de seguir creyendo en la justicia, aunque sea a largo plazo.

Al finalizar la charla atendió a todas las personas que se acercaron mesa para firma de sus libros.