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Autor: Cristóbal Fábrega Ruiz Fecha: 21/10/2018 Publicado en: Diario Jaén NAVANTIA: ¿FABRICAR ARMAS O NO COMER? 21-10-2018 En los últimos tiempos hemos presenciado un intenso debate, desapercibido en gran parte para los medios de comunicación, sobre si el Gobierno español debe autorizar la transferencia de armas a Arabia Saudí que puedan ser utilizadas para facilitar […]

Autor: Cristóbal Fábrega Ruiz

Fecha: 21/10/2018

Publicado en: Diario Jaén

NAVANTIA: ¿FABRICAR ARMAS O NO COMER?
21-10-2018
En los últimos tiempos hemos presenciado un intenso debate, desapercibido en gran parte para los medios de comunicación, sobre si el Gobierno español debe autorizar la transferencia de armas a Arabia Saudí que puedan ser utilizadas para facilitar o cometer violaciones graves del Derecho Internacional en Yemen. Amnistía Internacional, junto con otras organizaciones, se ha posicionado en contra de dicha autorización en el marco de su campaña Armas bajo Control. Sorprendentemente grupos pacifistas como Podemos se haN posicionado a favor planteando el dilema de elegir entre fabricar armas o no comer.
Nuestra organización pide al Gobierno que solo permita la transferencia de armas a Arabia Saudí si las mismas son empleadas fuera de Yemen y no exista riesgo de que se empleen para facilitar la comisión de violaciones graves del derecho internacional. Por ello cuestionamos el posible contrato que Navantia está negociando para la construcción de cinco corbetas para la armada saudí.
España, séptima potencia mundial en el comercio de armas, ha exportado más de 650 millones de euros de armas a Arabia Saudí desde el inicio del conflicto en Yemen, incumpliendo la legislación española y europea y el Tratado sobre el Comercio de Armas.
No es ético que el negocio de la guerra sea uno de los puntales económicos españoles con absoluto desprecio de los derechos humanos, como demuestra el haber contribuido al rearme de regiones muy beligerantes del planeta, o a la represión de pueblos que no nos hicieron nada (como puede ser Egipto, Marruecos o Indonesia), el empobrecimiento de sus sociedades que gastaron en armas en vez de en desarrollo, o la consideración de España como una potencia enemiga que les vende algo que ni necesitan ni tienen con qué pagar. El principal argumento para no cambiar esta tendencia es, según algunos, la necesidad de mantener puestos de trabajo en una situación de crisis como ocurre en el caso de Navantia en la Bahía de Cádiz lo que evita la crítica al militarismo para conservar los puestos de trabajo a cualquier precio.
Se argumenta que Navantia necesita para su supervivencia el contrato de las corbetas para la infame dictadura saudí y que no podemos cancelar dicho contrato sin perder 6000 puestos de trabajo que tendríamos asegurados hasta 2020 en una zona con más de un 30% de paro. El dilema que se presenta es corbetas o paro. Pero esto es falso ya que se han anulado otros pedidos por no poder atenderlos, dado el exceso de carga de trabajo que soporta la empresa. Es penoso que los partidos políticos y sindicatos no hayan defendido esa posibilidad, y se presente todo como un conflicto entre el derecho al trabajo en las empresas de construcción naval de la Bahía de Cádiz y los derechos fundamentales a la vida y a la libertad de los receptores y víctimas de ese equipamiento bélico. Y ello cuando existen alternativas, no solo militares como pedidos de la Marina de Brasil, Estados Unidos, Canadá, o India, sino civiles, como el reciclado ecológico de buques, la construcción y mantenimiento de aerogeneradores en el mar o de barcos anticontaminación, oportunidades todas desechadas por Navantia en 2018 por exceso de trabajo. Repetir muchas veces una mentira no la transforma en verdad, mal que le pese a Goebbels, y justificar con una mentira repetida un atentado contra los derechos humanos, encubriendo en realidad intereses económicos, pactos ocultos y sospechosas alianzas, no es de recibo. Algunos no queremos ser cómplices en ese crimen. Como dijo el primer ministro canadiense Justin Trudeau: los derechos humanos no son negociables.

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