Andalucía
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En Europa, cientos de miles de personas romaníes viven en campamentos o asentamientos informales. Segregadas por su origen étnico, como consecuencia de políticas que les niegan otras posibilidades de vivienda.

LOS DERECHOS HUMANOS ZAPATEADOS

A finales de los años setenta un grupo que me gustaba mucho llamado Aguaviva cantaba una canción cuya letra inicial era

¡Pisoteados, pisoteados!

¡Los derechos humanos

pisoteados!

Pero siendo gitano,

los derechos humanos

¡zapateados!

Hombre sin derecho a serlo,

son carne y sangre proscrita,

en el portalón social

comen su pan

de injusticia”.

En esa España que inauguraba libertad, la situación del pueblo gitano y la conculcación de sus derechos humanos eran evidentes.

Nada ha cambiado con el paso de todos estos años. Los gitanos o romaníes lo único que quieren es que les traten como seres humanos. Según la Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea, en general, prácticamente todas las personas romaníes son víctimas de discriminación racial.

En Europa, cientos de miles de personas romaníes viven en campamentos o asentamientos informales. Segregadas por su origen étnico, como consecuencia de políticas que les niegan otras posibilidades de vivienda. Así, por ejemplo, en Rumanía las autoridades desalojaron forzosamente de sus hogares a 76 familias romaníes en 2010 y las reasentaron cerca de un vertedero de residuos químicos. En Italia, las autoridades de Roma abrieron el año pasado La Barbuta, un “pueblo” exclusivo para romaníes, rodeado por una valla y con videovigilancia, al que trasladaron a unas 200 personas desalojadas por la fuerza de otro campamento. Y en Madrid, las autoridades han desalojado a 54 familias gitanas del poblado de Puerta de Hierro, sin garantizar a la mayoría de ellas un alojamiento alternativo adecuado. En muchos países, decenas de miles de niños y niñas romaníes asisten a escuelas segregadas donde la calidad de la educación es inferior. En Eslovaquia y la República Checa, los y las menores romaníes son discriminados y asisten en gran proporción a escuelas y aulas para alumnado con discapacidad mental leve. Además, las comunidades romaníes sufren acoso y amenazas por parte de diversos grupos o agentes no estatales en países como Francia, la República Checa y Hungría, en donde a veces la policía se ha abstenido de protegerlas.

Esta situación debe cambiar. La Comisión Europea tiene la responsabilidad, la obligación y la capacidad para garantizar el cumplimiento de la ley y luchar contra la discriminación y la violencia de la que la comunidad romaní es víctima. Pero no hace nada.

El 10 de diciembre de 2018 se cumplió el setenta aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. La Declaración es tan pertinente en la actualidad como lo era el día de su proclamación. Hoy vemos resurgir en Europa y en otros países del mundo, movimientos políticos y sociales de intolerancia y racismo, que señalan a las personas migrantes o a las minorías étnicas como responsables de los problemas sociales actuales, y que incitan al odio y a la discriminación. El ascenso de estos grupos y discursos es realmente preocupante. Y de nuevo son los gitanos uno de los colectivos más afectados.

La aportación del pueblo gitano a la cultura y a la sociedad solo se puede apreciar y valorar en su justa medida desde una perspectiva intercultural. La convivencia y el intercambio son rasgos propios de todas las sociedades, y de hecho en todos los países del mundo conviven diversas culturas, lenguas y tradiciones.

En España los gitanos forman, sin duda, parte de nuestra idiosincrasia cultural como lo demuestra esa manifestación musical que es el flamenco de la que es típica el zapateado. Que este se quede en la música y no en el trato que nuestras sociedades dan al pueblo gitano.

Cristóbal Fco. Fábrega Ruiz. Coordinador de Amnistía Internacional Jaén

Publicado en Diario Jaén el 5 de mayo de 2019

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