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Manifiesto contra el discurso del odio

Leído en la manifestación contra el discurso del odio del 26 de octubre de 2019 en la Línea de la Concepción.

Buenas noches, La Línea,

Gracias por venir a esta convocatoria de Amnistía Internacional en Andalucía en defensa y reivindicación de los Derechos Humanos.

Como dijo el Secretario general de Amnistía Internacional Salil Shetty: “Ahora se ciernen sobre los asuntos del mundo los fantasmas del odio y el miedo, y son pocos los gobiernos que salen en defensa de los derechos humanos en estos tiempos de inquietud“.

Por eso es importante que estemos aquí y por eso damos las gracias a todas y todos los que lo estais haciendo posible. Gracias al pueblo de la Línea por su acogida durante este fin de semana y a su Ayuntamiento por ayudarnos a hacerlo posible. Gracias a la participación y colaboración de colectivos aliados: Orgullo y Diversidad, Lo sé y me importa y Andalucía Acoge.

Todos los que estamos aquí somos personas que queremos vivir en una sociedad justa en la que nos tratemos con humanidad, tanto en España como Europa, pero no todo el mundo rema en la misma dirección: Hay gente que intenta dividirnos apelando al miedo, el prejuicio y el odio. Se ensañan con las minorías, culpan de los problemas a quienes vienen de otros países en busca de seguridad y protección, discriminan a las mujeres desdeñando la violencia que sufren, cuestionan los derechos de las personas LGBTI o ignoran la destrucción del medio ambiente.

En España, más de 1.000 mujeres han sido asesinadas por sus parejas y exparejas desde 2003, y la violencia sexual afecta a más de 3 millones de mujeres. Y las mujeres que se atreven a denunciarla se enfrentan a un duro y largo camino marcado por  el maltrato institucional en la policía, en los hospitales o en los juzgados.

Por eso pedimos en toda Europa, que la legislación sobre violación esté basada en el consentimiento, para que las víctimas no se vean cuestionadas ni señaladas y que puedan denunciar la violencia sexual sin miedo.

A pesar de las grandes movilizaciones feministas, todavía hay quienes cuestionan que las mujeres sufren violencia por el simple hecho de ser mujeres . “Por eso, desde Amnistía Internacional exigimos que las leyes contra la violencia hacia las mujeres no se sustituyan por leyes genéricas contra la violencia doméstica” que invisibilizan la violencia que sufren las mujeres por el hecho de ser mujeres. Meter la violencia contra las mujeres en el mismo saco de la “violencia doméstica” es un grave retroceso.

Vivimos un momento histórico en el que millones de mujeres de todo el mundo se han unido en un movimiento imparable por sus derechos. Porque las mujeres tienen los mismos derechos que los hombres, pero no lo parece.

Las mujeres tienen derecho a no sufrir violencia por el mero hecho de ser mujeres, a no ser maltratadas y asesinadas por sus parejas o ex-parejas, a vivir sin miedo a ser agredidas sexualmente con impunidad, a no ser discriminadas en el trabajo, a poder vestirse como quieren, y a decidir sobre su cuerpo, su sexualidad y su reproducción sin coacción ni presiones.

Desde siempre las personas nos hemos desplazado de un lugar a otro. Las migraciones han sido una constante en la historia humana y uno de sus motores de progreso. El derecho de las personas a migrar está reconocido y protegido por leyes internacionales.

Pero como resultado de las guerras, el cambio climático y las enormes desigualdades, a día de hoy hay 25 millones de personas refugiadas en el mundo, el mayor número jamás registrado. Y la mayoría se encuentra en países con muchos menos recursos que los europeos.

Sin embargo, la respuesta de los que gobiernan en Europa no ha estado a la altura. Han creado complejos sistemas jurídicos que impiden la entrada de personas, dejando que se ahoguen, rechazándolas en las fronteras o abandonándolas a la miseria, a pesar de que somos un continente rico que podría acoger a mucha gente. Para agravar la situación, algunos líderes políticos están extendiendo una retórica de odio dirigida a quienes están en situación más vulnerable, culpando falsamente a las personas migrantes y refugiadas de los problemas que padece la sociedad.

Por eso hay que exigir, tanto a España como en Europa, una responsabilidad compartida a la hora de darles protección, y la apertura de rutas legales y seguras. Necesitamos procesos de asilo justos que ofrezcan protección efectiva a quienes la necesitan y poner fin a las devoluciones ilegales en las fronteras

La buena noticia es que somos mayoría quienes creemos en la solidaridad, y queremos acoger y dar la bienvenida a las personas de otros lugares. Porque sabemos que así nuestra sociedad es más fuerte y abierta. Y más humana.

En muchos países se encarcela a personas lesbianas, gays, bisexuales, transgénero e intersexuales en aplicación de leyes que penalizan su orientación sexual o su identidad de género y convierten un beso en un delito.

En otros, aunque la homosexualidad no está penada legalmente, las personas LGBTI sufren de forma diaria discriminación y crímenes de odio. El discurso homofóbico de muchos gobernantes, políticos, religiosos y medios de comunicación fomenta un clima de intolerancia y discriminación contra lesbianas, gays, bisexuales, transgénero e intersexuales, e incluso alienta la violencia contra esas personas.

Tenemos que dejar claro que la falta de respeto a los derechos de las personas LGBTI –incluido el matrimonio civil entre personas del mismo sexo– entra de lleno en el ámbito de los derechos humanos y por eso reclamamos:

– Que se respeten en todo el mundo los derechos humanos de las personas del colectivo LGBTI y se garantice su igualdad y no discriminación.

– Que se deroguen todas las leyes que declaran ilegales y penalizan las relaciones entre personas del mismo sexo.

– Que se ponga fin a las ejecuciones basadas en esas leyes y se ordene la libertad inmediata e incondicional de las personas encarceladas por su orientación o identidad sexual.

– Que se fomente la educación igualitaria para prevenir la discriminación por motivos de orientación sexual en la sociedad.

La Unión Europea se presenta como un líder mundial en la lucha contra el cambio climático, pero  los países de la UE no están haciendo lo suficiente para evitar un cambio climático catastrófico.

Por eso, tenemos que crear un clima para el cambio, ¡urgentemente! Europa debe reajustar los objetivos de reducción de emisiones Esto requerirá políticas más ambiciosas, como cambiar a energías renovables al 100%, pasar a una economía de carbono cero y ayudar a las poblaciones de los países en desarrollo, que son las más afectadas por el cambio climático.

Queremos proteger el disfrute de los derechos humanos de las personas frente a los efectos adversos previsibles del cambio climático.

Garantizar que se realizan evaluaciones de impacto en materia de derechos humanos para asegurar que las políticas de mitigación del clima no den lugar a violaciones de los derechos humanos, como desalojos forzosos o violaciones de los derechos de los pueblos indígenas.

Tenemos un mundo precioso, único. Queremos protegerlo, vivir felices en él, ahora y en el futuro. Pero el propio mundo en el que vivimos está amenazado. El cambio climático es uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo, por lo que las autoridades deben afrontar el hecho de que Europa es uno de los mayores contaminadores del mundo y deben actuar ya con decisión para cambiar las cosas.

Tras la crisis financiera de 2008, varios países de Europa, incluida España, optaron por medidas de austeridad que tuvieron como consecuencia la reducción del gasto público en vivienda, salud, educación, y otros servicios sociales. Millones de personas pagaron un precio muy alto por ello, y lo siguen pagando.

Es necesario que, en toda Europa, se haga una evaluación del impacto que los recortes han tenido en la ciudadanía, para garantizar que los objetivos de estabilidad presupuestaria no impiden a los Estados miembros proteger derechos económicos y sociales de las personas, como la vivienda, la salud y  la eduación.

Una sociedad justa es una sociedad en la que no se deja caer a nadie.Todas las personas tenemos derecho a disfrutar de un nivel de vida digno. Siempre. Por encima de las crisis económicas y de las políticas de recortes.

Y, sobre todo, en esta batalla por los Derechos Humanos, cobre una importancia colosal la libertad de expresión. La predisposición de líderes prominentes a propagar “noticias falsas” con el fin de manipular la opinión pública, unida a los ataques contra las instituciones que sirven para poner control al poder, muestra que la libertad de expresión va a ser un campo de batalla decisivo para los derechos humanos.

En España, la libertad de expresión ha sufrido un grave retroceso desde 2015, cuando el Partido Popular impuso su mayoría absoluta para aprobar en solitario la Ley Orgánica de Protección de la Seguridad Ciudadana (conocida como ‘Ley Mordaza’) y la reforma del Código Penal,.

La Ley Mordaza amplió la potestad sancionadora de la Administración y está plagada de imprecisiones legales que favorecen la discrecionalidad policial, provoca autocensura informativa y persigue y criminaliza a activistas, periodistas y movimientos sociales que protestan contra injusticias o violaciones de derechos humanos.

Además, las enmiendas al Código Penal para penalizar el “enaltecimiento” del terrorismo mediante la difusión pública de “mensajes o consignas” están siendo utilizadas para reprimir las expresiones de índole política, sobre todo en las redes sociales, y a la comunidad artística del país.

La bunea noticia es que muchos de los casos , como los de Nyto, Alex García, Cassandra o César Strawberry, todos ellos condenados de manera injusta y acusados de enaltecer el terrorismo por escribir un tuit, o una canción, han visto como sus condenas han sido casi todas anuladas o reducidas.

“Nadie debería ser procesado penalmente sólo por decir, tuitear o cantar algo que pueda ser desagradable o escandaloso. La ley está silenciando la libertad de expresión y aplastando la expresión artística”. El artículo 578 del Código Penal debe ser derogado.

 

Y finalmente queremos hacer un reconocimiento a todas las personas que, a título individual o colectivo, trabajan para hacer realidad los derechos recogidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Los defensores y defensoras de derechos Humanos cuyo compromiso se ha demostrado fundamental para visibilizar situaciones de injusticia social, combatir la impunidad e impulsar los procesos democráticos en todo el mundo.

Las defensoras y defensores se sitúan en primera línea de la lucha por los derechos humanos y ponen al descubierto la inmensa brecha entre los compromisos retóricos de los gobiernos y su limitado cumplimiento en la práctica.

Al recordar a las autoridades (y a las poderosas élites políticas, militares y económicas) sus obligaciones en materia de derechos humanos, los defensores y defensoras asumen serios riesgos.

Amnistía Internacional ha documentado ataques contra estas personas en la mayoría de países del mundo, y también tácticas represivas para silenciarlos por parte de gobiernos de todas las tendencias políticas. Tales ataques adoptan formas y grados diversos: amenaza continua, intentos de desacreditar su trabajo, encarcelamiento injusto, tortura e incluso asesinato. Esta amenaza también se hace extensible a sus familiares.

Por eso, pedimos a los gobiernos que garanticen un ambiente seguro y propicio para la defensa de los derechos humanos y redoblen sus esfuerzos para la protección efectiva de las defensoras y defensores.

Y resumiendo nuestro compromiso, terrminamos con una frase de Peter Benenson, el fundador de Amnistía Internacional que dice así: “Hasta que no haya sido puesto en libertad el último preso de conciencia, hasta que no haya sido cerrada la última cámara de tortura, hasta que no se haya hecho realidad para las personas del mundo la Declaración Universal de Derechos Humanos de Naciones Unidas, no habremos hecho nuestro trabajo”.

Muchas gracias, nos vemos en las calles.

 

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