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LA NECESIDAD DE SEGUIR REIVINDICANDO

UN AÑO MÁS LGTBI+. LA LUCHA SIGUE SIENDO NECESARIA

PORQUE FUERON, SOMOS Y PORQUE SOMOS, SERÁN

Cualquiera que se acerque hoy a algún punto de España donde se celebra la marcha del Orgullo puede apreciar un ambiente de fiesta y celebración lúdica. Pero no  debemos olvidar que es también una fiesta de visibilidad y de lucha por los derechos humanos del colectivo LGTBIQ+. Unas personas protestan, otras bailan, otras gritan, o cantan. No es más que una forma de recordar y de hacer un recorrido por ese camino donde los derechos de este colectivo no se han concedido sin lucha, sin esfuerzo común, sin incidencia política y sin la valentía de destapar esa cortina de humo que lo ha envuelto en la represalia, la tortura y, por qué no decirlo, en la persecución.

(activistas del grupo del área metropolitana de Sevilla en la manifestación)

En la España de 1970, la Ley de Vagos y Maleantes fue sustituida y derogada por la ley de Peligrosidad Social y Rehabilitación Social, que, aunque era muy similar, incluía penas de hasta cinco años de internamiento en cárceles o manicomios para los homosexuales donde entre otras actuaciones se trataba de curar la homosexualidad.

Se crearon centros de detención donde se realizaban terapias de reversión para cambiar la orientación sexual de los presos e incluso se aplicaron técnicas de lobotomía para tratar de curar a homosexuales.

La ley se reformó en 1978 para despenalizar la conducta homosexual aunque siguió vigente hasta su derogación en 1995. La mujer también fue perseguida, no de igual forma pero muchas lesbianas  fueron obligadas a casarse o a quedarse eternamente solteras dándose el lesbianismo en la oscuridad o con miedo a ser descubiertas.

Cabe recordar que los homosexuales detenidos nunca han sido indemnizados ni reparados por el Estado.

(Celebración del día del Orgullo en Almería con el grupo de Amnistía Internacional Almería)

Desde la primera marcha celebrada en Barcelona en 1977 hasta ahora, organizaciones y activistas han recorrido un largo y complicado camino para que los derechos humanos del colectivo LGBTI estuvieran presentes en las leyes y las políticas públicas. En 2005 participaron dos millones de personas en la marcha LGBTI a nivel estatal tras la aprobación del matrimonio igualitario.

Pese a que en algunos lugares el avance ha sido muy evidente, en muchos sitios del planeta las marchas del orgullo están amenazadas, y el solo hecho de organizarlas puede suponer violencia, discriminación e incluso consecuencias penales para los activistas LGBTI. En países como Moldavia o Georgia las primeras marchas se han celebrado hace pocos años, con poca participación y entre fuertes medidas de seguridad y ahora peligran en ambos países.

Igual ha ocurrido en Georgia, donde el partido del gobierno propuso cambios para restringir los derechos de los homosexuales. En Moldavia, en el año 2022 se adoptó una resolución para prohibir las manifestaciones del Orgullo. En este mismo país, la iglesia ortodoxa  se pronunció para que el gobierno cancelara el festival del orgullo previsto, como así ocurrió.

En Serbia, las marchas del Orgullo LGBTIQ+ se ven empañadas por enfrentamientos entre la policía y grupos que se oponen a la comunidad gay y que creen que el evento va en contra de los valores cristianos ortodoxos tradicionales serbios y deberían prohibirse.

Países como Líbano, Uganda, Rusia, Ucrania o Turquía se prohíben actualmente la celebración de actividades y marchas con temática LGBTI con la excusa de que la policía no puede garantizar la seguridad en las mismas, o se permiten pero en lugares poco visibles y alejados del centro de las ciudades.

( Actividades del grupo de Málaga. Foto : Jesús Mérida)

Algunas personas, aún hoy día, se cuestionan su celebración, pero las marchas del Orgullo LGBTI  son motivo de orgullo y deben visibilizarse como victoria de la libertad de expresión frente a los intentos por censurarlas. Son una lucha por los Derechos Humanos y una celebración de la diversidad, y empoderan a las personas LGTBI para poder reivindicar los derechos y libertades que se les niegan. La salida a los espacios públicos permite la visibilización que a menudo se les niega y de los que se les excluye.
No pensemos que el colectivo tiene grandes apoyos de los Estados o de la Sociedad que debería proteger sus derechos, por eso es necesaria la reivindicación que cada año se realiza y en la que la participación de todas y todos se hace imprescindible frente a las manifestaciones de violencia y discriminación que se siguen dando a diario.

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