Madrid
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No podíamos imaginar que ir a hablar de derechos humanos al alumnado del Centro de Educación para Personas Adultas del Centro Penitenciario Madrid IV nos dejaría tan deslumbradas y que pudiera ser tan estimulante. Su nombre, Alborada, expresa la realidad del entusiasmo de la dirección y el equipo educativo, el canto a la mañana y el renacer de cada día manteniendo los objetivos educativos bien altos.

Compartiendo enseñanzas (y aprendizajes) en el CEPA Alborada

Por: Charo García. Equipo Educación en derechos humanos

En estos tiempos no es fácil encontrar tanto compromiso en los centros educativos, siempre con tantos recortes, y sin embrago es lo que encontramos. Pudimos ver en el patio grandes murales creados y pintados por los propios internos con gran creatividad y magnífica ejecución y otros en los pasillos reproduciendo sugerentes estampas de El Quijote, un héroe contemporáneo.

Fuimos a hablar a 75 varones de un tema de su elección, niños soldados, en un auditorio que en apariencia podría parecer difícil para establecer una buena comunicación. Sin embargo en las casi dos horas que dedicamos a esta violación tan grave de los derechos humanos tuvimos una escucha respetuosa y atenta, con muchas intervenciones sobre dudas que se expresaban, debates muy interesantes e incluso experiencias propias que mostraban la dureza de algunas vidas allí congregadas.

Nuestra segunda sesión de 26 alumnos, tuvo la misma duración y unas características similares de interés y participación. En las dos ocasiones los alumnos eran de múltiples nacionalidades y nadie en ese ámbito sabe de hechos probados, delitos o condenas. Allí sólo hay alumnos agradecidos de recibir esa atención y educación y así lo hemos recibido.

En todo momento los educadores nos acompañaron en las charlas y pudimos conocer los proyectos que desarrollan en un relajado café en la sala de profesores. Así pudimos ver los proyectos anuales a los que dedican su estudio cada año, este año dedicado a la paz. Cada proyecto tiene su logo que queda plasmado en camisetas, carteles y las manualidades que la creatividad y destreza les lleve a los alumnos a trabajar. Un trabajo muy coral, transversal en las materias de estudio, creativo y que queda a la vista como patrimonio colectivo.

Una experiencia que llegamos a ella gracias al trabajo previo del Grupo Local de Amnistía Internacional en Vallecas y lo que caló en una profesora que se trasladó a Navalcarnero. Repetiremos si el equipo docente así lo quiere, nuestra experiencia ha sido muy gratificante y hemos vivido el interés colectivo de profesores y alumnos.