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Soy Mª Antonia Morera, hija de Ambrosio Morera y nieta de Ambrosio Morera García, último alcalde republicano de Campo Real, fusilado el 17 de junio de 1940 en las tapias del cementerio de Alcalá de Henares, Madrid. Ese día, según los archivos, sacaron a diecisiete presos de la cárcel de Alcalá de Henares para darles el paseíllo. Al […]

Soy Mª Antonia Morera, hija de Ambrosio Morera y nieta de Ambrosio Morera García, último alcalde republicano de Campo Real, fusilado el 17 de junio de 1940 en las tapias del cementerio de Alcalá de Henares, Madrid.

Ese día, según los archivos, sacaron a diecisiete presos de la cárcel de Alcalá de Henares para darles el paseíllo. Al día siguiente, el 18 de junio de 1940, fueron veintitrés las personas paseadas y fusiladas.

A mi abuelo le detuvieron con la entrada de los nacionales en el frente del Jarama. Al parecer sus camaradas de las brigadas internacionales le habían convencido de que tenía que irse con ellos, que ya llegaría el momento de reunirse de nuevo con su mujer e hijos. Así que una patrulla le esperaba a la salida del pueblo para marcharse antes de que fuera demasiado tarde. Mi abuelo decidió ir a despedirse de su familia, seguramente para pedirles que ayudaran a mi abuela. Hubo un chivatazo y al salir de la casa de su prima ya le estaban esperando. Fue detenido y llevado a la cárcel de Alcalá hasta el día de su fusilamiento.

Yo nací a los 18 años de su fusilamiento, y desde muy pequeña sentí una auténtica atracción por esa persona que no conocía pero que todo en él era misterio, respeto. Silencio. Ese silencio que yo intentaba borrar preguntando y preguntando, sobre todo a mi abuela, donde obtenía respuestas tan ambiguas que me llevaban a más curiosidad. Como por ejemplo: “Abuela ¿pero entonces el abuelo ha muerto?” Respuesta: “No. El abuelo está muerto, pero no murió.”

Esto me llevo a crear a mi abuelo imaginario, le buscaba en la cámara de la casa: una habitación oscura donde yo no entraba pero le hablaba. Además era el sitio idóneo para encontrar cosas suyas, que yo recuperaba como tesoros. Luego estaban las visitas cada 1 de noviembre al cementerio de Alcalá. Mi padre, mi abuela y yo cogíamos hasta allá el coche de línea , y en el cementerio tuve la respuesta que tanto buscaba: “¿Abuela si el abuelo no murió porque dices que está aquí?”. La respuesta fue clara: “El abuelo no murió, le asesinaron”.

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Familiares de víctimas del franquismo. Protesta en Pamplona. 26 de enero de 2012. © AP Photo/Alvaro Barrientos

Recuerdo aquellas visitas como si fuera ahora mismo. Éramos las familias de los rojos, se respiraba la tristeza y el dolor. Todas las mujeres iban de negro. Cada familiar se ponía enfrente de unos montículos de tierra pegados a la tapia y en cada montículo tenía una tablilla de madera con los nombres de los que se encontraban en cada fosa. No podíamos poner flores, ni cruces o signos religiosos. No te podías sentar en ningún sitio y las personas mayores se desmayaban por el cansancio. Aquello no estaba mal del todo si el día aunque frio era soleado; en cambio, si llovía aquello era un barrizal. También recuerdo la solidaridad ente las familias: las sillas plegables que se compartían, incluso la tortilla, pues allí se iba a pasar el día.

Poco a poco se permitieron las flores. Más adelante, entre las familias que se pusieron de acuerdo y pudieron pagar, se pusieron una piedra sencilla, con los nombres de los que están en cada fosa. Pero sin símbolo religioso. A día de hoy aún hay muchos montículos de tierra sin más que tierra y alguna flor.

Crecí y mi respeto y curiosidad hizo que mi abuela confiara en mí muchas cosas. Me fue dando trabajos en madera que mi abuelo hizo en la cárcel, y ya muy mayor, y como si de un tesoro se tratara, me dio la última carta que había sacado un primo en los dobladillos del pantalón en una visita a prisión. Es una carta de despedida, donde agradece a la familia que está ayudando a mi abuela, en la que pide a su mujer que crie a sus tres
hijos en el respeto y la verdad, no en el odio. Él se dirige a sus tres hijos sin saber que su única hija Mª Antonia, a la que debo mi nombre, había muerto hacia unas semanas por una neumonía. Sabe que es el final, pues la carta empieza diciendo: “mañana me darán el paseíllo y sé que este será el definitivo, por eso me despido con todo mi amor”.

No sé cuántos paseíllos le dieron antes del definitivo, pero está claro que no fue el único. Los falsos consistían en llevarles a las tapias del cementerio, hacer cavar sus propias tumbas para después ponerles en la pared delante de la tumba y el pelotón. Este disparaba y a quien le tocaba la bala de fogueo vuelta a la prisión, los muertos a los hoyos y los heridos, al parecer, también. Salvo que “El gato con botas”, un cura que tras la guerra ejerció de educador, les diera el tiro de gracia. Este “hombre de fe” estuvo toda la vida vanagloriándose de haber matado más rojos que ningún otro cura.

Sé cómo era mi abuelo por lo contado por mi familia, por su carta, por sus labores y porque si, como todo el mundo dice su hijo, mi padre era igual que él, les aseguro que era un hombre justo, honesto, comprometido y leal. He buscado en mil archivos más pistas sobre mi abuelo, sé que la orden de fusilamiento se dio el 15 de junio, dos días antes de su ejecución. Sé que fue nombrado  Hombre de Honor por el Partido Republicano, y sé que en ninguna parte se le reconoce como Alcalde de Campo Real. En todas partes pone hortelano, que lo era, pero en ningún sitio aparece su cargo público.

Nada me gustaría más que reponer su honor, por mí y por las conversaciones que tantas veces he mantenido con mi padre. Estaría bien que sus restos reposaran junto a los de su esposa, hija e hijo. Aunque a día de hoy, y aun siendo mi sentimiento de reconciliación, dudo que en mi pueblo sea bien recibido.

Maria Antonia Morera Sánchez
7 de noviembre de 2017

11 comentarios en “A mi abuelo Ambrosio, fusilado durante el franquismo

  1. No hay dolor más grande que el de no poder darle cristiana sepultura a nuestros seres más apreciados. El dormitorio de su familia es día y noche

  2. ; tambien mi abuelo fue fusilado en las tapias de Cementerio de la Almudena junto a otris cientos de personas despues de acabar la guerra y enterrado en una de las fosas comunes que hicieron.
    Igual que a Toñi, tampoco querían hablar de ello por miedo, hasta que no llegó la democracia.
    A los pocos días de su fusilamiento, ¡llegó su indulto!

    • Muchas gracias por tan conmovedor testimonio. Entre todos tenemos que trabajar sin descanso para que no queden en el olvido tantas víctimas. Verdad, justicia y reparación.

  3. Gracias María Antonia, por el recuerdo de tu abuelo, como el de mi bisabuelo también ejecutado de forma ruin y cobarde, y de mis tíos, de los que apenas sabemos donde fueron enterrados, junto a un puente.
    Verdad, justicia y reparación.

    • Gracias a ti Cristina. Aunque en estos 40 años ningún poder, ningún Gobierno ha hecho nada por reparar a las víctimas de crímenes de derecho internacional cometidos durante la Guerra Civil y el franquismo (y en todo caso, han obstaculizado su acceso a la justicia y a la reparación), nosotros seguiremos exigiendo el verdad, justicia y reparación de las víctimas.

  4. Me ha emocionado, me ha llegado dentro. Soy biznieta de un represaliado, se de lo que hablas. En mi pueblo fueron muchos los asesinados. Hace un par de años los familiares de todos nos reunimos para darles un homenaje y así también para tener un sitio donde llorarles. Espero que nunca te rindas y con esfuerzo consigas que todos descanses en paz y juntos. Un saludo

    • Muchas gracias Lucía por tus ánimos a María Antonia y por compartir tu historia. Entre todos conseguiremos la verdad, justicia y reparación de todas la víctimas.

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