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Joven Amnistía Generación Z

Mujeres de la Generación Z

Por mucho que reivindiquemos y que las leyes nos den la razón, nunca seremos respetadas si vamos reclamando protección. La generación Z ya se está manifestando en las calles y debe seguir haciendo lo mismo, con su actitud, en su día a día.

Artículo escrito por Celia de la Cuadra, Equipo de derechos de mujeres y niñas de Amnistía Internacional Madrid

“El cambio climático y la contaminación son los mayores retos a los que se enfrenta el mundo. Es lo que piensan las y los jóvenes de la generación Z, quienes tienen ahora entre 18 y 25 años. Una generación que vive en un mundo de creciente desigualdad y e inestabilidad económica, marcado por la crisis ambiental y la corrupción», comenta Esteban Beltrán, director de Amnistía Internacional España, en el número 144 de la revista de la organización.

Hoy me dirijo a vosotras, mujeres de la generación Z, con edades parecidas a las que fácilmente podrían tener mis nietas. Me encanta vuestro protagonismo, vuestra fuerza, vuestra capacidad para salir a la calle a reivindicar aquello en lo que creéis. Mis amigas y yo, nos sentimos muy felices, cuando en la mani del día de la mujer, por ejemplo, nos vemos rodeadas de mujeres jovencísimas que reclaman los mismo que nosotras cuando, hace muy pocos años, íbamos casi cuatro locas añosas y nos dábamos un poco de pena.

Sin embargo, os aviso, no basta ese gran esfuerzo social. El patriarcado es como un gas que puede colarse por la más mínima grieta. Es imprescindible la actitud personal en el trabajo, en el gimnasio o a la hora de estar en una cafetería o bar. Digo esto porque llegó a mis oídos que aún hay jovencitas que no se atreven a entrar solas a un bar o una cafetería. Una mujer, muy joven, me comentó: “me gusta mucho el futbol y voy a verlo con mi novio al bar de debajo de casa, pero si mi novio tarda me pierdo el principio, no me atrevo a entrar sola”. Lo siento, no puede ser así. Por mucho que reivindiquemos y que las leyes nos den la razón, nunca seremos respetadas si vamos reclamando protección. Ya os escucho: “pero ¿es que tú no tienes miedo?» ¡Claro que lo tengo! Esta abuela que escribe se ha pasado la vida luchando contra el miedo.

Os cuento un recuerdo: mi madre, con una marcada educación machista, tuvo, sin embargo, un detalle de mujer libre e independiente. Después de hacer la compra, que a ella le gustaba a diario, se iba sola a tomar “el cafelito de las 12” a alguna de las cafeterías de nuestro barrio. «Lo aprendí de mi padre», decía toda contenta. Así que decidí imitar esa actitud de mi madre “machista”. Los domingos a las 11 de la mañana, vestida discretamente y sin pintar, cogía un autobús y me iba a una de las cafeterías de la Gran Vía, muy de moda entre las adolescentes de aquellos tiempos, a donde nos íbamos a merendar y reír en grupo. Quedarme en mi barrio no me valía, mi madre era muy respetada y sabían que yo era su hija.

Pasé casi un año tomando “el cafelito de las 12” en tres cafeterías de la Gran Vía. Por supuesto que en aquella época oscura de dictadura daba igual lo discreta que fuera, una joven sola, aunque fueran las 12 de la mañana, tenía que ser una buscona. Sin embargo, con paciencia, discreción, dando algún corte que otro y buscando la complicidad de camareras, logré revestirme con una especie de “capa de dignidad” que ningún capullo logró romper.

Probadlo, merece la pena.

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