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Muchos contenidos pornográficos erotizan la violencia contra las mujeres, por lo que es nuestro deber como sociedad poner el foco sobre una industria que promueve la normalización de dicha violencia, del sexismo presente y de la imagen de la mujer como objeto sexual

Autora: Marina Amat, Equipo de Violencia contra las Mujeres y Niñas de Amnistía Internacional Madrid

Es incuestionable que la industria pornográfica se ha lucrado monetizando el trauma de miles de mujeres y niñas víctimas de abusos y agresiones sexuales. Pues, hasta hace no mucho, la página porno más visitada ‘Pornhub’, estaba infestada de vídeos con este tipo de contenido.

Fue a finales del 2019, cuando el periódico The Times, se hizo eco de las ilegalidades que Pornhub albergaba. Lo que provocó que algunas empresas anunciadoras retirarán su publicidad de la página. Esto sumado a varias denuncias colectivas que algunas de las afectadas presentaron contra la empresa, hicieron posible que numerosos vídeos fueran eliminados.

Aun habiendo retirado buena parte de dichos contenidos, tanto en la plataforma mencionada como en otras masivamente visitadas, las secuencias y filmes que erotizan la violencia contra las mujeres siguen contándose por miles. Siendo estos titulados: «mujer violada», «asfixiada», «forzada», «torturada», y un largo etcétera. Además, también encontramos categorías que blanquean la pedofilia: «esclava sexual adolescente», «hijastra», «padrastro», «colegiala adolescente».

Ya es execrable el hecho de que haya búsquedas de este tipo. Pero todavía lo es más que las demandas a las mismas se vean cubiertas.

Hay que tener presente que actualmente los niños y niñas y adolescentes se están educando sexualmente con el consumo pornográfico, habiéndose adelantado la edad del primer contacto a los 8 años en algunos casos. Y debemos ser conscientes que esto afectará en menor o mayor medida a sus relaciones sexuales futuras.

Los defensores de la pornografía suelen escudarse en que la mayoría de los vídeos que forman las categorías anteriormente citadas, no se han realizado contra la voluntad de las y los participantes.

Aun siendo así, ¿no es nuestro deber como sociedad poner el foco sobre una industria que promueve la normalización de la violencia contra las mujeres? Si no, ¿cómo entonces podemos anhelar un presente y futuro exento de sexismo y misoginia cuando se permiten escenificaciones deshumanizantes?

No faltan quienes tildan de retrógradas y conservaduristas, a las feministas críticas con la pornografía. Cuando, su motivación real, es erradicar la falsa imagen que se perpetúa de lo que las relaciones sexuales significan. Quedando la mujer expuesta a unas prácticas violentas, y cuyo deseo y placer sexual no es considerado.

Por tanto, es importante recalcar que es falso que las críticas de las feministas sean motivadas por la represión sexual.

Preguntémonos, ¿es retrógrado alzar la voz contra una industria que se está haciendo de oro mediante un contenido audiovisual que plasma a las mujeres como objetos? ¿Son reaccionarias las críticas contra quienes permiten que víctimas de agresiones y abusos sexuales, revivan su experiencia traumática cada vez que aumentan las visualizaciones de los vídeos que publican sus agresores?

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