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Conoce más a nuestro jurado: Jorge Salgado

Jorge Salgado, fotógrafo y fundador de Tropo Studio, ha navegado durante años las aguas de la fotografía publicitaria, un ámbito en el que reconoce que el edadismo es un fenómeno muy común, sobre todo cuando hay un enfoque comercial. Charlamos con él porque es miembro del jurado que elegirá la mejor imagen para defender los derechos de quienes son víctimas del edadismo

Autora: Ana Belén Negrete

Edadismo, un neologismo con tan solo medio siglo de existencia, que sin embargo describe un fenómeno mucho más antiguo: la discriminación de las personas por su edad. Afecta principalmente a los mayores, a los que se les aparta de la sociedad y se les despoja de sus derechos simplemente por un número, una edad, una fecha de nacimiento.

El edadismo es una forma de marginación cada vez más patente, y por este motivo es el protagonista de la nueva edición del concurso Derechos en el Objetivo, con el que Amnistía Internacional invita al público a hacer una fotografía para concienciar sobre este tipo de exclusión.

Jorge Salgado, fotógrafo y fundador de Tropo Studio, ha navegado durante años las aguas de la fotografía publicitaria, un ámbito en el que reconoce que el edadismo es un fenómeno muy común, sobre todo cuando hay un enfoque comercial. Charlamos con él porque es miembro del jurado que elegirá la mejor imagen para defender los derechos de quienes son víctimas del edadismo.

¿Qué opinas de este fenómeno?

El edadismo es una barbaridad, sobre todo porque nos olvidamos de un tema muy importante, que es la experiencia de la gente mayor. Lo que han vivido nos puede enseñar muchísimo. Ellos han transitado por los lugares que nosotros vamos a pasar y, si les diéramos el valor que merecen en la sociedad y los escucháramos, nos ahorraríamos mucho trabajo, disgustos y problemas.

También es cierto que yo ya me voy acercando más a la edad mayor, y cada vez lo observo con más preocupación, porque el edadismo se da a nivel laboral, por supuesto, pero también a nivel vital. Me asusta esa discriminación de los mayores, que se crea que ya no son útiles y que no son capaces de reciclarse. Evidentemente hay casos de personas a las que les cuesta reciclarse, pero hay muchos que no.


¿En la fotografía hay edadismo?

Sí, por supuesto, por supuesto que hay edadismo. En la artística no, pero en la artística comercial sí. Y hay sectores, como puede ser el sector de la moda, en los que todavía es muchísimo más exagerado. En cuanto pasas de una determinada edad, parece que no eres capaz de entender las nuevas tendencias y las nuevas modas, aunque tengas un montón de experiencia y mucho conocimiento.


¿Crees que es importante la fotografía para combatir la discriminación?

Es una herramienta para comunicar mensajes muy potente, y eso la convierte en un recurso muy importante para combatir la discriminación. Y además ha cobrado aún más importancia en la era en la que vivimos, en la que nuestra cultura es más visual y los mensajes que más rápido entran en nuestras mentes son las imágenes, más que los escritos o escuchados.


Hacer fotografía es una manera de lanzar mensajes directos y de golpear a la sociedad, y decirle: «Hay ese problema y hay que arreglarlo.»


¿Qué tiene que tener una foto para remover conciencias y para impactar en las personas?

Creo que hay muchos factores. Uno de ellos es muy importante: que nos sintamos identificados con la foto, que consigamos ponernos en la situación en la que está la persona fotografiada, en este caso una persona anciana. Si somos capaces, si la imagen logra llevarnos a esa posición, ha triunfado.

También es importante que el mensaje sea muy directo, muy claro, y por supuesto que sea atractiva visualmente. Las imágenes deben provocarnos: miedo, asco, risa… Tiene que provocar un sentimiento y una sensación. A partir de ahí, es fácil meter el mensaje. Una vez que has abierto la mente, por cualquiera de esos caminos, es fácil meterte el mensaje.

¿Se puede enseñar la fotografía de derechos humanos a nivel académico?

Creo que el camino correcto es primero enseñar derechos humanos, y enseñar convivencia. Y después explicar el lenguaje fotográfico, como un lenguaje más. En definitiva, no podemos escribir sobre un país lejano si no lo conocemos o si no lo hemos visto. Si yo ahora me voy a un conflicto bélico y no sé por qué se ha producido y no sé quiénes están luchando, no voy a poder hacer buenas fotos. Puedo tener suerte y hacer alguna foto destacada, pero no voy a poder transmitir un buen mensaje con mis fotografías

Entonces, ¿la recomendación es que los concursantes empiecen por conocer el edadismo a fondo?

Sí, y seguramente las mejores fotos sean de gente que está viviendo ese problema, ellos mismos o que sean testigos de cómo los sufren sus abuelos o sus padres. Cuando uno vive el problema personalmente, es mucho más fácil que transmita lo que se siente estando en esa situación.

¿Qué crees que le puede aportar a un concursante el hecho de enfrentarse a un tema como el edadismo para hacer una foto?

Creo que les da la oportunidad de reflexionar sobre problemáticas que quizá no formen parte de su día a día. Participar en un concurso con una temática como el edadismo les obligará a investigar, a mirar más allá de su realidad, a descubrir un mundo oculto o del que no se habla los suficiente. Y eso me parece muy valioso.


De hecho, en mi experiencia con los concursos que organiza Amnistía Internacional -y te diría que he estado en casi todos-, lo que más destaco es que te hacen mirar de frente situaciones que suelen pasarnos desapercibidas simplemente porque no las vivimos en carne propia. Es fácil ignorar una realidad cuando no te afecta directamente, pero estos concursos te invitan a ponerte en los zapatos de otros.

Y fíjate, incluso yo, que no participo como concursante sino como jurado, me veo tocado por los temas. Me hacen reflexionar, detenerme un momento en medio del ajetreo diario y prestar atención a cosas que normalmente pasarían de largo. Eso ya es un aporte enorme.

“La fotografía es una herramienta para comunicar mensajes muy potente, y eso la convierte en un recurso muy importante para combatir la discriminación”.

“De mi experiencia en los concursos de Amnistía Internacional lo que más destaco es que te hacen mirar de frente situaciones que suelen pasarnos desapercibidas simplemente porque no las vivimos en carne propia”.