Visibilidad al sufrimiento y desamparo de las personas sin hogar
El pasado jueves 13 de noviembre, el Centro Cultural Francisco Fatou, en Villa de Vallecas, se convirtió en un espacio para la reflexión, la denuncia y, sobre todo, la humanidad. Allí se proyectó Malandanza, el documental del director José Francisco Rodríguez, quien compartió con el público el proceso de creación de esta obra que pone rostro, voz y dignidad a quienes sobreviven cada día en la calle.
Por Alberto Astarloa. Equipo DESCA
La jornada se enriqueció también con la intervención de Már Salvador, trabajadora social del Foro de Servicios Sociales, que habló desde su experiencia profesional con personas sin hogar: historias duras, reales y muchas veces invisibles para una sociedad que MARCHA deprisa y mira poco.
En ese contexto, resonó con especial fuerza el artículo 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que proclama de forma literal:
“Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”.
Una frase hermosa, luminosa… pero que contrasta dolorosamente con la realidad.
Cuando la realidad desmiente los principios
La magnitud de la pobreza mundial es alarmante. Según Naciones Unidas, en 2025 se estima que 808 millones de personas vivirán en pobreza extrema, con ingresos inferiores a tres dólares diarios.
A esto se suman 2.900 millones de personas que sobreviven con entre 3 y 8,3 dólares al día (ILOSTAT), una cantidad insuficiente para garantizar una vida digna.
La desigualdad golpea con especial dureza a las ciudades. Los precios de la vivienda crecen a un ritmo mucho más rápido que los salarios, empujando a millones de personas a situaciones límite. Desde 2015, 130 millones de personas más viven en asentamientos informales o barrios marginales, alcanzando un total de 1.120 millones en 2022 (indicadores ODS). Una cifra que, más que un dato, es un grito.
Y aunque a veces pensamos que estas situaciones pertenecen a lugares lejanos, también se manifiestan aquí, en nuestro país y en nuestra propia Comunidad de Madrid.
España ocupa el puesto 14 del PIB mundial, y Madrid lidera el ranking nacional. Sin embargo, la tasa de riesgo de pobreza continúa anclada en cifras preocupantes: 19,7% en el conjunto del país y 14,3% en la Comunidad de Madrid.
Estos números revelan algo esencial: el crecimiento económico no garantiza por sí mismo la equidad, ni asegura que los derechos humanos se vivan en plenitud.
Según datos del Instituto Nacional de Estadística, en España hay 28.500 personas sin hogar, de las cuales 4.150 viven en la Comunidad de Madrid. Detrás de cada una de ellas hay una historia que merece ser escuchada.
La importancia de mirar de frente
La proyección de Malandanza no fue solo un acto cultural: fue una invitación a detenernos, a reconocer y a reconocer-nos en el otro. A mirar de frente una realidad incómoda, pero urgente, agravada por la asequibilidad de la vivienda para jóvenes y familias vulnerables, que aumentan en número por el empobrecimiento que genera los precios de este derecho fundamental, la vivienda digna y asequible.
Si el artículo 1 de la Declaración Universal nos recuerda cómo debería ser el mundo, jornadas como esta nos recuerdan cuánto nos falta por avanzar… y nos dan motivos para hacerlo juntas.
Porque la fraternidad no debería ser un ideal, sino una práctica cotidiana. Y visibilizar el sufrimiento y el desamparo es el primer paso para que nadie quede fuera de esa dignidad que, por derecho, nos pertenece a todas las personas.
Más información sobre el trabajo de Amnistía Internacional respecto al DERECHO A LA VIVIENDA, aquí
Si quieres ver el Documental Malandanza, pincha en ESTE ENLACE

