foto: © EYESITE/Alamy
Artículo publicado en Córdoba.es el 17 de junio
Las personas mayores se enfrentan a casos de discriminación que la legislación vigente no prohíbe explícitamente (Amnistia Internacional)
Defender los derechos humanos es mirar como un catalejo para ver lejos o cerca solo con darle la vuelta. Hoy me paro en Córdoba
Hace unos días compartí café con una trabajadora de ayuda a domicilio y una usuaria de este servicio. Me había interesado por una manifestación que se produjo en Córdoba el 31 de mayo. Lo que escribo, en mi limitado espacio, es el resumen de la charla con estas dos personas. En un trabajo que, en sí, conlleva un desgaste importante, en los últimos años las condiciones de desempeño han empeorado, con la consecuente pérdida de derechos de las trabajadoras y el sufrimiento añadido de las personas dependientes y de sus cuidadoras
En lugar del término “anciano” o “anciana”, Amnistía Internacional utiliza “personas mayores”, que es más neutro,, para no estigmatizar a las personas mayores asociándolas con la fragilidad y la dependencia.
En algún momento, servicios que eran municipales pasaron a subastarse para adjudicación a una empresa. Los cambios últimos han acentuado un deterioro progresivo. Se subasta a la baja y no se cumplen los pliegos. Los servicios municipales deberían supervisar pero también aquí hay recortes.
Las condiciones son muy malas y parte del personal no dura. Acaban contratando a personas no cualificadas (sin el certificado obligatorio de Auxiliar,). Esto provoca cambios continuos en la atención, cambios en las personas que atienden a un mismo usuario, lo cual es nefasto para las personas dependientes. Muchas veces no se avisa a la familia de que no va a llegar nadie porque no hay previsto un sistema de sustitución. El salario es mínimo y, para cobrar lo legislado, hay que reclamar y se paga a final de año. O se acumulan las horas de más en un bolsa de horas. Han rebajado las horas de prestación para grandes dependientes. No hay cauces de reclamación. No hay información de la persona a la que se va a atender. Precarización extrema: las trabajadoras tienen que recoger el material en la calle, junto a una furgoneta.
Si el servicio funciona es por el sobreesfuerzo y entrega de las auxiliares.
«Recortes presupuestarios injustificados, políticas que aumentan la desigualdad o la falta de protección social afectan con más fuerza a quienes ya se encuentran en situación de vulnerabilidad.» ( Amnistía Internacional).
Maria Jesús Monedero. Activista de Amnistía Internacional
