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Sofía Kovalévskaya

Sofia Kovalivskaia, la primera mujer académica y doctorada en matemáticas

Nueva entrega de nuestra sección ‘Recordando a’ con Sofia Kovalivskaia como protagonista, primera mujer que se doctoró en matemáticas y consiguió ser profesora de Universidad y fue galardonada con el premio Bordin de la Academia de las Ciencias de París en 1888 por su trabajo sobre la rotación de un sólido rígido

Autora: Celia de la Cuadra, Equipo derechos de las niñas y mujeres de Amnistía Internacional Madrid

Nació el 15 de enero de 1850 y fue la primera mujer matemática que obtuvo una cátedra. Su primer contacto con esta ciencia fue en las paredes de su dormitorio tapizadas con viejos pliegos de papel, atiborrados de notas sobre cálculo diferencial e integrales, que su padre compró en la Universidad y que a ella le fascinaban. Su hermana Aunita disfrutaba escribiendo y, para publicar, contactó con Fiódor Dostoievski y, éste, en su revista Época le publicó varias obras cortas. Al enterarse el padre se puso furioso: hoy vendes relatos, mañana venderás tu cuerpo.

La idea de que Sofía pudiera ser matemática profesional ni se contemplaba. En aquella época se puso de moda, entre mujeres de posición, los llamados “matrimonios blancos”, o de apariencia, para librar a las mujeres del yugo paterno y dar a los hombres una buena dote. Eran bodas organizadas por mujeres liberales. Así se organizó el primer encuentro entre Sofía y su futuro marido Vladimir Kovalevski ya que, entre las dos hermanas, él eligió a la pequeña. Ante la negativa de permiso del padre, porque la mayor debía casarse primero, simularon una fuga.

Retrato de Sofia Kovalevskaya

Pronto fueron a Viena, ciudad muy buena para la carrera de él y a Heidelberg donde ella podía estudiar, pero los cotilleos en esta pequeña ciudad inventaron que no estaban casada cuando empezó a ir a la universidad. Su marido tuvo que acudir en su ayuda y le obligaron a matricularse allí, pese a sólo permitir a Sofía ir de oyente si el profesor lo permitía.

Un día, cuando ya se había ganado muchas simpatías, se levantó en clase y corrigió un error que traía loco al profesor. La admiración atravesó las paredes de la Universidad y, por ello, pudo conocer a Charles Darwin y a Thomas Huxley y obtener la amistad de la escritora que firmaba como George Eliot. Logró como tutor al gran profesor Weierstrass que le propuso hacer la tesis doctoral en Gotinga, algo más abierta para las mujeres, y aunque, por ser mujer tendría que presentar tres trabajos y no uno como los hombres, se hizo doctora en agosto de 1847. Su publicación “teorema Cauchy-Kovaleskaia” todavía sigue en los manuales actuales de análisis matemáticos.

El matrimonio volvió a Rusia y, pese a que la universidad pronto les dio la espalda, Sofía se adaptó la vida social y de diversión, lo que los llevó a una relación matrimonial menos blanca y tuvieron una hija. Pronto murió el padre del que heredaron 30.000 rublos que daban para vivir, pero Vladimir los perdió en malas inversiones igual que hizo con la dote. Este, avergonzado, se suicidó.

Sello conmemorativo por valor de 40 rublos.
Sello en honor de Sofia Kovalevskaya, 1951

En el VI Congreso de Médicos y Naturalistas en Moscú, Sofia Kovalivskaia conoció a Gösta Mittg-Leffer de la Universidad de Estocolmo, mucho más abierta a las mujeres, que le propuso un puesto como profesora. Desde su primera clase tuvo un éxito total. Con un sueldo apropiado para el desempeño de una cátedra, logró tener con ella a su hija (cuidada desde la muerte de su padre por buenas amigas dada la pobreza de Sofía), hizo deporte, tuvo una relación sentimental, escribió varias obras y la Academia de las Ciencias francesa le concedió en 1888 el premio Bordin por su trabajo sobre la rotación de un sólido rígido. Pero, desgraciadamente, murió el 10 de febrero de 1891 a consecuencia de una neumonía cuando se encontraba en la cúspide de su carrera.

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